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Salir del armario

Salir del armario está de moda, como los pitillos, el ébola y los asesinatos en masa, tías. Antes salíamos de armarios roperos de dos puertas de uno en uno y en silencio, hoy salen en manada de vestidores de 40 metros cuadrados a toda hostia y dando voces. Y lo que es peor, cada día son más monas y más jovenas. Son mariquitas carroñeras que nos roban, nos quitan los chulos como los inmigrantes les quitan los trabajos a los fachas, que siempre quisieron ir a recoger la fresa a Alméria. Advenedizas. Que alguien regule estas salidas masivas del armario, que tengo las rodillas impolutas, sin un rasguño desde hace años. Con lo que yo he sido, que mis rodillas eran pura postilla.

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Yo, que soy tan mariquita que meo colonia, sudo brillantina y mi saliva tiene efecto gloss, nunca salí del armario, el armario salió de mi. Hoy es el día que voy al ikea y se oyen a las bisagras chirriar de pánico. Pero a lo largo de mi vida he visto muchas salidas, del armario y de las otras. Y es por ello que voy a poner mi vasta sabiduría al servicio de esta publicación, por que como ya sabréis a estas alturas soy una oenegé con el cuerpo de un Dios griego, tías.

Así que querida amiga, si tú, amiga adolescenta, o cuarentona o septuagenaria que sufres en silencio tu homosexualidad y quieres que el mundo sepa que estas a la última y podrías acabar presentando un telediario en Mediaset, pero no sabes como hacerlo. No te preocupes. He aquí unos pequeños consejos para que lo hagas y salgas del armario por la puerta grande. Más que nada por que salir de una cajonera es más jodido e ibas a acabar hecha un cuadro.

Encuentra el momento apropiado y prepara el terreno.

Esto es fundamental para que a tu madre no le de una embolia o tu padre se atragante con un hueso de pollo y muera asfixiado, mientras tú profieres tus característicos grititos y haces eso absurdos aspavientos que deberían haberles alertado de tu condición. Pongamos un ejemplo práctico de como debería ser una salida del armario óptima:

Entras en el salón donde tus padres descansan plácidamente tras una ardua jornada laboral. Tu madre hace calceta y tu padre lee el marca ajenos a todo.

– Aita, Ama, tengo que hablar con vosotros – les dices.
Ellos levantan la vista de su labor y te miran expectantes. Éste es el momento que tú, querida amiga, aprovechas para soltar todo el lastre.
– Aita, ama, no quiero preocuparos pero me he unido a la Yihad después de degollar a 12 monjes cartujos y violar a 3 monaguillos albinos a los que he infectado de VIH, hepatitis y ladillas del tamaño de lacasitos.
– Pero qué coño dices – alcanza a decir tu padre, al tiempo que tu madre comienza a adquirir un tono violáceo.
Tú haces oídos sordos y continúas con tu diatriba.
– Me buscan la Interpol, el FBI y la madre superiora de un convento de Carmelitas a la que no deje satisfecha. Además, ya no soy del Athletic, soy del Real Madrid…
El acabose. La última afirmación acaba de poner a tu madre en estado comatoso, mientras tu padre desconcertado sólo acierta a decir:
– Pero qué dices desgraciado?
Éste es el momento de oro que tú tienes que aprovechar para hacer serrín ese armario que te aprisiona.
– Qué soy GAY aita, maricón, trucha, una desviada a la que le gusta comer pollas, una sodomita sin remedio…
Tu madre que ya ve la luz al final del túnel vuelve la vista a la realidad, mientras la embolia de tu padre remite milagrosamente.
– Sólo eso hijo, que susto nos has dado, haber empezado por ahí. Anda toma 40€ y vete a comprar el último de Mónica Naranjo que lo estarás deseando.

Enhorabuena ya eres oficialmente maricón, ya puedes calzarte las mayas rosas que tienes escondidas y perpetrar coreografías de Lady Gaga en tu habitación con la puerta abierta. Y lo mejor de todo. Tus padres han sobrevivido.

Método “Cluedo”

Existe una forma menos drástica y dramática de salir del armario en familia; aunque requiere de mas tiempo, descartarías la muerte por embolia de cualquiera de tus progenitores, como mucho podrían morir del aburrimiento. El método consiste en ir dejando pistas y lanzando indirectas sutilmente. Si tus padres no están ciegos y tú eres lo suficientemente sutil, lo conseguirás en menos que Mariah Carey hace un gallo:

• Vierte aceite en lugares señalados de la casa, lo suficiente para que tu madre levante la ceja y tu padre no se rompa la cadera.

• Deja de llamar a los colores por su nombre: ahora el marrón será beige, el azul turquesa y el rosa, magenta.

• Cambia tus hábitos alimenticios: cambia la sopa por Vichyssoise, las magdalenas por cupcakes y los champiñones por boletus.

• Redecora tu habitación.

• Aficiónate al macramé y a confeccionarte tus propias bufandas.

• Y si todo esto no surte efecto, desanquilósate, relaja el cúbito como si tus muñecas fueran de chicle, disloca la cadera como si fueras bailando la conga a todas partes y ensaya tu caída de ojos en el espejo hasta que tus pestañas rayen su superficie.

• Y si aun así tus padres siguen convencidos de que no eres más que un chico especial, confiesa abiertamente que quieres ser dependiente del Zara, azafata de Iberia o presentador de Telecinco y que les den por el culo y mueran de una embolia. Esto último es infalible.

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Con la cuadrilla

Existe el falso mito de que hay que reunir a la cuadrilla a la hora de confesar tu afición por la lentejuela y bailar a Lady Gaga con una ensaladera en la cabeza. Craso error. Si quieres salir del armario con los chulos de la cuadrilla hazlo de uno en uno y a poder ser en un lugar cómodo donde no falte cerveza ni orfidales, que uno nunca sabe si se va a cumplir la ley del 10% y, teniendo en cuenta que sois 20, debe haber por ahí otra loca de la misma acera.

Con un poco de suerte la mariquita encubierta es esa que rema en la Sotera y te pone mirando para la proa de la trainera con el remo enhiesto y matas dos pájaros de un tiro, nena. Que una vez fuera del armario te vas a encontrar muy poca oferta para tanta demanda, y vas a echar más de menos el olor a alcanfor, que Beyonce el pelo lacio.
Aunque lo más probable es que la otra mariquita en el armario sea un cuadro gordo y con granos, que se disfraza de la princesa Leia en carnaval y estudia informática. No le hagas un feo, es probable que en unos años invente una app de ligue, se forre y se haga un completo en Lourdes o corporación dermoestética y te saque de pobre. Deja siempre un buen recuerdo, que la vida da muchas vueltas y la desesperación siempre está a la vuelta de la esquina por culpa de esas hordas de jovenzuelas, que brotan de armarios en cascada como muertos vivientes en busca de carne humana, y cuando menos te lo esperas tienes 23 años, pesas 100 gramos de más y no te queda más remedio que apuntarte a un cursillo de autoestima subvencionado por la diputación.

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