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Entrevista Emma Demar

En tiempos donde muchas realidades se viven en silencio, el teatro sigue siendo un espacio para decir lo que cuesta poner en palabras. El GÉ, la obra escrita y dirigida por Emma De Martino, nace de una experiencia personal y se ha convertido en una pieza clave dentro del debate sobre el chemsex y la búsqueda de conexión en la comunidad gay.

Lejos de moralizar, la obra muestra con humanidad y sin juicios la fragilidad que se esconde tras el placer, la soledad y el deseo de ser visto. Hablamos con Emma sobre cómo esa vivencia personal se transformó en creación artística, sobre su colaboración con el actor Avelino Piedad —su pareja dentro y fuera del escenario— y sobre el poder del teatro como herramienta de reflexión y acompañamiento.

Revista BLUE.- ¿Cómo nació la idea de escribir El GÉ?

Emma Demar.- En realidad, El GÉ no nació de una idea, sino que nació de una experiencia. En el año 2020, cuando era la pandemia, lo único que se podía hacer era ir a casas de otras personas. En Madrid, siendo maricón, si no te habías cruzado con un chill, era muy probable que lo hicieras. Y esos fueron mis primeros contactos con estar en un chill. No tanto una sesión de chemsex, sino un chill: espacios de hombres con poca ropa, consumiendo sustancias para el disfrute del sexo, del contacto, del encuentro con otros.

Y a partir de ahí, viviendo esa experiencia —primero más como observador que viviéndola en carne propia— se despertó una pregunta: ¿qué hay detrás de toda esta práctica? ¿Qué hay detrás de toda esta necesidad de poder ser, de conectarnos? ¿Por qué nos cuesta tanto vincularnos con otros? A partir de ahí empecé a escribir textos sueltos, monólogos sueltos, que creo que no solo partían de mi experiencia, de lo que veía, sino que también fue algo muy comunitario. Como si yo hubiese, de alguna manera, canalizado no solo mis vivencias, sino también las experiencias que me contaban otros, o que me contaban de otros. Y así nació El GÉ. Casi sin darme cuenta, un día tenía la obra escrita.

R.B.-  ¿Qué te motivó a abordar un tema tan sensible como el chemsex desde el teatro?

E.D.-Bueno, aquí la respuesta es parecida. No hubo mucha conciencia al principio de que estaba escribiendo una obra que iba a impactar tanto en la comunidad y que iba a tener una función social. La realidad es que yo, como artista, como creador, tuve el impulso en la barriga de contar esto, de mostrar esto desde un sitio lo más neutro posible, sin juzgar, simplemente mostrando, que creo que es la función del teatro.

Y luego, cuando la estrenamos y la empezamos a mostrar al resto de la comunidad, a asociaciones que trabajan con chemsex, nos dimos cuenta de que esto tenía una función social mucho más potente. Ahí fue cuando empezamos a trabajar con distintas organizaciones para que esto no solo quedase en un hecho artístico —con lo válido y lo valioso que eso es— sino que también pueda tener una función comunitaria: generando debate, generando coloquios con expertos, etc.

R.B.- El título El GÉ llama mucho la atención y despierta curiosidad. ¿De dónde nace ese nombre y qué significado tiene para ti dentro de la obra?

E.D.- Bueno, el G simplemente es por la sustancia, por el GHB, que se lo llama G o Chorri. Y hubo algo de este nombre de: “oye, ¿tomamos un Chorri?, ¿quieres G?”. En estos contextos de chemsex, como si no sabéis, las sustancias que constituyen esta práctica sexual tienen que ver con el GHB, la mefedrona y la metanfetamina.

Pero había algo alrededor del G: esto del horario, esto que se decía en su momento de “cada una hora”, lo repetitivo. Había algo detrás de esa sustancia líquida que parecía que nos abría las puertas a ponernos cachondos, a conectarnos con otros. Parecía un poco el centro del chill. Y por eso se lleva el nombre de la obra.

R.B.- ¿Cómo fue el trabajo con Avelino Piedad para dar vida a Paco?

E.D.- Fue precioso e inesperado. No sé si sabéis que Avelino y yo somos pareja hace ya casi seis años. Y recién estábamos conociéndonos cuando yo tenía algunos textos de El GÉ ya escritos. Y él, como actor que es, se los mostraba, los leíamos.

Lo lindo es que Avelino, a primera vista, no era el personaje que yo me imaginaba para esta obra. Pero luego, estando tan cerca y trabajando juntos, sucedió algo muy potente: Avelino tiene una capacidad de interpretación alucinante. Y juntos pudimos darle vida a este Paco que está muy lejos de lo que es Avelino como persona o de su personaje en redes como Mr. Aveline. Fue un proceso muy hermoso de construir juntos, de maravillarme con su talento y también de compartirlo como pareja. Al final este proyecto tuvo también, como arco extra, esto tan bonito de compartirlo profesionalmente y como pareja.

R.B.- ¿Qué retos encontraste como director a la hora de representar algo tan íntimo y a la vez tan colectivo?

E.D.- No juzgar. Mi foco estaba en poder mostrar sin juzgar.

R.B.-. El monólogo hace que el público se sienta casi parte de la “fiesta interior” del protagonista. ¿Fue una decisión buscada desde el principio?

E.D.- Sí. Esto nació intuitivamente como monólogo, y siempre hablándole a un público que era parte del chill. Siempre sentí que era importante estar dentro, que el público estuviera dentro de este chill y que este personaje nos hablara directamente. Al final, creo que esta obra nos habla a nosotros. Esta interacción, esta cercanía, esta intimidad me parecía muy importante.

R.B.- La obra no juzga ni moraliza. ¿Por qué era importante para ti mantener esa neutralidad?

E.D.- Porque creo que mi rol como artista, como creador, no es moralizar ni juzgar. Es mostrar.

R.B.- ¿Qué reacciones del público te han sorprendido más desde el estreno?

E.D.- Mira, aunque siempre hay algo en esta pregunta desde el morbo: la persona que se fue, la que casi se desmaya, o esas anécdotas más rimbombantes…

La realidad es que la obra es incómoda, pero es muy amorosa. Entiendo que muchas veces puede movilizar mucho y resultar incómoda. Pero al final, si abres tu corazón y te dejas llevar con este personaje a vivir esto que le pasa, lo que tiene es mucho amor. Una conclusión muy bonita que creo que nos pertenece a todos y que nos muestra una herida compartida. Entonces, con las reacciones —que son la mayoría, afortunadamente— con las que más me quedo y atesoro, es que el público, en su mayoría, se va profundamente conmovido. Y ese, para mí, es el mayor regalo.

R.B.- ¿Crees que el teatro puede ser una herramienta de prevención o de apertura de debate en torno al chemsex?

E.D.- Por supuesto que sí. Creo que todo hecho creativo —de todo tipo: una pintura, una obra de teatro, un libro, una poesía— todo lo que pueda abrir debate desde el arte es necesario, valioso e imprescindible.

R.B.- ¿Qué proyectos tienes en mente después de esta obra?

E.D.- Bueno, tengo varios proyectos futuros. Algunos relacionados con chemsex y otros que no. Relacionados con chemsex, estoy con un proyecto de serie que tengo muchas ganas de poder realizar. Ojalá logremos encontrarle -como dice mi padre- el novio: la productora o la plataforma que quiera sumarse.

También en 2026 se estrena un documental que escribí y dirigí sobre chemsex, que se llama “Chemsex: Un viaje al interior”, que hicimos de la mano de CESIDA y Anchoa Films.

Y luego, por fuera del chemsex estoy trabajando en “Caravana”, que es una comedia fresca pero que busca ahondar en los vínculos, en los vínculos románticos, los familiares, desde el humor y con personajes hermosos. Habla de diversidad sexual, de dinámicas familiares, de secretos. Y de cómo convivimos con lo que callamos.

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