El fenómeno DRAG RACE, del underground al mainstream
Antes de los focos, los realities y las plataformas de streaming, el drag ya existía. Y lo hacía en la sombra.
El arte drag —la representación performativa del género a través de la exageración, el vestuario y la teatralidad— tiene sus raíces en los teatros y cabarets de principios del siglo XX. En aquellos escenarios, artistas transformistas rompían normas sociales mucho antes de que existiera un lenguaje para nombrarlo.
Pero el drag nunca fue solo espectáculo.

Durante décadas, ha sido refugio, identidad y resistencia. En una sociedad que históricamente ha marginado a las personas LGTBIQ+, el drag se convirtió en un espacio de libertad: un lugar donde reinventarse, desafiar las normas y existir sin pedir permiso.
Ese espíritu se consolidó especialmente en espacios clandestinos, donde lo importante no era encajar, sino expresarse. Y fue ahí donde nació una de las culturas más influyentes del movimiento drag: la cultura ballroom.
Ballroom: familia elegida, identidad y supervivencia
En el Nueva York de los años 70 y 80, dentro de comunidades afroamericanas y latinas LGTBIQ+, surgió una escena que cambiaría la historia del drag: los balls.
Estos eventos eran mucho más que competiciones. Eran espacios donde las personas podían ser vistas, valoradas y celebradas en categorías que iban desde la moda hasta la actitud, pasando por la performance o la imitación.
Pero, sobre todo, eran espacios de pertenencia.
Las houses
En este contexto nacen las houses, auténticas familias elegidas.
Dirigidas por una “madre” o un “padre”, las houses acogían a jóvenes expulsados de sus hogares por su identidad o expresión. Allí encontraban apoyo, protección y algo fundamental: una familia.
Nombres como House of LaBeija o House of Xtravaganza no solo marcaron la historia del ballroom, sino que definieron una forma de comunidad que sigue vigente hoy.
El voguing
Uno de los elementos más icónicos de esta cultura es el voguing, un estilo de baile inspirado en las poses de las revistas de moda.
Movimientos angulares, elegancia extrema, dramatismo y precisión convierten el voguing en una mezcla de danza, pasarela y narrativa corporal.
Este estilo saltó al gran público gracias a Madonna con su tema Vogue, pero su origen está profundamente ligado a las comunidades ballroom.
El voguing no es solo una coreografía: es una afirmación de identidad.

“Paris Is Burning”: el alma del ballroom
En 1990, el estreno de Paris Is Burning abrió una ventana al mundo.
El documental, dirigido por Jennie Livingston, retrata la vida de figuras clave del ballroom como Pepper LaBeija, Dorian Corey o Venus Xtravaganza.
Lejos de idealizar la escena, muestra su realidad: precariedad, discriminación y lucha diaria. Pero también revela algo aún más poderoso: la creatividad, la resiliencia y la necesidad humana de pertenecer.
“Paris Is Burning” no solo documenta una cultura. La hace visible, la dignifica y la sitúa en el mapa.
Drag vs Transformista
Aunque muchas veces se usan como sinónimos, drag y transformismo no significan exactamente lo mismo.
El transformismo es un arte basado en la imitación: el objetivo es recrear a una figura conocida —una cantante, una actriz— con la mayor fidelidad posible. Vestuario, gestos, maquillaje e incluso la voz buscan acercarse al original.
El drag, en cambio, se centra en la creación. No se trata de parecerse a alguien, sino de construir un personaje propio, exagerar el género, jugar con la estética y expresar una identidad artística única.
El transformista interpreta.
El drag crea.
Hoy en día, muchas artistas mezclan ambos lenguajes, pero la diferencia conceptual sigue marcando dos formas distintas de entender el escenario.
El fenómeno Drag Race
En 2009, el drag dio el salto definitivo al mainstream con RuPaul’s Drag Race, creado por RuPaul.
Lo que comenzó como un reality de nicho se convirtió rápidamente en un fenómeno global.
Drag Race ha cambiado las reglas del juego:
Ha llevado el drag a millones de espectadores
Ha profesionalizado una disciplina históricamente marginal
Ha creado estrellas internacionales
Ha generado un lenguaje propio que ya forma parte de la cultura popular
Pero, más allá del espectáculo, ha puesto en primer plano historias personales, identidades diversas y el drag como forma de arte.

Drag Race España: identidad, cultura y autenticidad
Cuando llegó Drag Race España, no fue simplemente una adaptación más.
Presentado por Supremme de Luxe, el formato encontró una voz propia desde el primer momento.
Drag Race España ha sabido conectar con la cultura local:
folclore y referencias españolas
humor directo
mezcla de tradición y estética contemporánea
historias personales con gran carga emocional
El resultado: una de las versiones más queridas y respetadas de toda la franquicia.
De la resistencia al fenómeno global
El drag ha recorrido un camino extraordinario.
De lo clandestino a lo televisivo.
De la marginalidad al reconocimiento.
Pero sigue siendo, en esencia, lo mismo:
Una forma de libertad.
Una forma de arte.
Una forma de existir sin pedir permiso.
