Cartas a Nagore Gore: No sé si le gusto a mi entrenador

Empecé en el gimnasio hace dos meses y he contratado un entrenador personal. Cuando entrenamos no para de llamarme “máquina”, tocarme el hombro y corregirme la postura haciendo demasiado contacto físico para lo que mi corazón soporta. Yo ya me he montado una película romántica digna de Netflix, pero mis amigos dicen que seguramente solo sea su trabajo y quiere ser majo para que le siga pagando clases. ¿Cómo se diferencia el ligoteo del marketing fitness?me cosas como “ten cuidado”, “te va a dejar por alguien de su edad”, o el clásico “¿no te da palo?”. Estoy hasta el moño de dar explicaciones. ¿Qué hago, Nagore? ¿Paso de todo o saco la artillería?
Querida amiga, es de manual de cajón la atracción que algunos gays, tienen por sus entrenadores personales.
Un hombre que te pone mucho, masculino, sudoroso, y que te hace sentir importante centrando su atención en ti, al menos en el tiempo en el que estás subiendo y bajando mancuernas. Pero cabe la posibilidad de que para él sea su trabajo, hacer que ciertos músculos de tu cuerpo funcionen y se fije con el tacto si vas por el buen camino o sigues tan blanda como un flan.
A ti esto te emociona y te hace pensar como sería una cita romántica con él, pero me temo que para él solo eres un cliente más. Puede que él sepa que a lo mejor los clientes gays como tú sean los mejores porque son más fáciles de camelar y así te tiene atrapada todo el tiempo que te dure el cuelgue por él. Yo no me sentiría mal por crear una serie de Netflix en tu cabeza, quizás eso te haga entender que eres un romántico empedernido y te abra el corazón a encontrar el amor en ese u en otro hombre. Aprovechando que tienes buenos amigos, ríete con ellos de toda esta aventura, nunca te obsesiones más allá de tus intereses sexuales y afectivos y disfruta del viaje querida amiga. Disfruta de su profesionalidad, de su trabajo pero con perspectiva. Él ya sabrá que eres un pequeño palomo cojo en sus manos, así que si no va más allá de tocarte para enseñarte cómo se hacen las abdominadas, puede que se olvide de tu cara en cuanto salgas por la puerta del gimnasio y se centre de nuevo en otra marikiwi como tú que va al Vivagym en busca de sazonar sus fantasías con el mismo monitor que os tiene locas a todas.
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