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Avelino Piedad


El teatro vuelve a poner el foco en una realidad silenciada. En El Gé, Avelino Piedad se mete en la piel de Paco, un hombre atrapado en la espiral del chemsex, la soledad y la búsqueda desesperada de conexión. Un monólogo crudo, honesto y profundamente humano que evita moralizar para invitar al diálogo. Hablamos con el actor sobre los desafíos emocionales de interpretar un personaje tan complejo, la mirada social de la obra y la necesidad de empatía frente a un fenómeno que sigue marcado por el estigma.

Revista BLUE.- ¿Quién es Paco y qué te atrapó de él como actor?

Avelino Piedad.- Voy a contestar con el tópico de “Paco somos todos”. Paco es alguien que tiene claros problemas con el ChemSex porque está atrapado en unas coordenadas tanto vitales como sociales que todos podemos comprender: ansiedad y estrés de las minorías, bullying, masculinidad tóxica, dificultad para vincularse con los demás, el corazón roto por un ghosting reciente, un trabajo y una vida que tampoco le entusiasman… Todos podemos empatizar con eso, y precisamente eso fue lo que más me gusta de mi trabajo como actor con este personaje. Que el público siga viendo a una persona con la que empatizar, y no a un monstruo depravado. Que puedan seguir con el tópico de “Paco somos todos”. Es lo más potente para luchar contra el estigma.

R. B.- El monólogo nos mete en la mente de alguien en plena espiral de chemsex. ¿Cómo preparaste emocionalmente un personaje tan intenso?

A. P. Creo que todos lo tenemos más cerca de lo que creemos. Es una versión maximizada de “bueno, la última y nos vamos”. Las sustancias que entran en juego tienen mucha más fuerza y sus efectos son más potentes y diversos. Pero las ganas de alargar una fiesta más de lo conveniente creo que nos han entrado a todos. Y en cuanto a lo sexual… creo que se explica solo. Cuando fuimos por ahí de “trabajo de campo” y exploramos la práctica del chemsex, encontramos ambientes donde la gente se podía relacionar sexoafectivamente con otros de formas que en su día a día no podían. Y de nuevo, esto nos pasa a todos. Es la versión amplificada de tomarse un chupito antes de atreverse a entrarle a alguien. En películas y series estamos hartos de verlo y hasta nos reímos cuando vemos que el personaje apura la copa de vino antes de lanzarse a hacer algo atrevido. Nos reímos porque nos identificamos.

R. B.- ¿Cuál fue el mayor reto al interpretar a Paco: lo físico, lo emocional o lo psicológico?

A. P.- Yo no distingo mucho entre las tres porque al final todo es cuerpo. La construcción es completa o no es, porque lo psicológico se refleja en el cuerpo, lo emocional supone una forma de pensar, una postura del cuerpo ya indica una idea de la mente… etc. Pero digamos que la construcción física, cómo se mueve y cómo habla, es lo que me pillaban más lejos de mí. Fue una exploración muy interesante (y valiente, al principio estaba cagado porque no sabía si sería creíble).

R. B.- El Gé no moraliza, sino que expone. ¿Qué mensaje crees que puede llevarse el público después de ver la obra?

A. P.- Sobre todo preguntas y ganas de debatir y compartir. Por eso hacemos coloquio después. Con que se lleven un acercamiento humano al tema me doy por satisfecho. Que hayan podido empatizar y que, la próxima vez que vean a alguien con problemas, se acuerden de que sus luchas internas son tan humanas y válidas como las de cualquier otro, y que no somos nadie para juzgar, pero sí para ayudar.

R. B.- ¿Cómo ha cambiado tu visión personal del chemsex después de trabajar en este proyecto?

A. P.- Desterró los pocos retazos de estigma que quedaron. Y encendió mucho las ganas de meter fuego a todo cuando me di cuenta de lo en bragas que estamos en cuanto a vincularnos sexoafectivamente. El placer, el encuentro con los otros, el derecho al disfrute, la culpa siempre acechando… todo eso está tan jodido que a veces me parece un milagro que sigamos juntándonos. Me da mucha compasión por nosotros mismos, y no me refiero solo al colectivo. Deberíamos salir a las calles a reclamar nuestro derecho al placer sin culpa.

R. B.- ¿Has tenido contacto con testimonios reales para construir el personaje?

A. P.- Sí. Desde conocidos hasta gente a la que preguntaba por su experiencia. Por ejemplo yo nunca he vivido un “agujero K” hasta ahora. Pero sí he visto algunos, y luego estuve leyendo y preguntando por cómo se sentía y cómo se veía para poder interpretarlo. Y en cuanto a testimonios de adicción o uso problemático sí, gente con historias muy potentes. Cuando alguien te cuenta que sabe que va a volver a consumir en algún momento aún no queriendo hacerlo, es muy impactante. Como su mente le va a dar razones que le vayan permitiendo volver ahí… es heavy. 

Pero también escuchamos testimonios de gente que salió de lo problemático y que ahora mantienen la abstinencia, o que han sido capaces de encauzar su uso de forma que ellos están satisfechos hoy día. Estas historias son muy estimulantes porque son personas que han descubierto mucho de sí mismas a través del chemsex y/o las drogas. Se han visto obligadas a enfrentar cosas de sí mismos y ahora se conocen mejor y tienen mayor conciencia de sí mismos y, por tanto, de los otros. Yo mismo, la verdad.

R. B.- El monólogo hace que los espectadores se sientan invitados a esa “fiesta interior”. ¿Cómo percibes la reacción del público en escena?

A. P.- Ha ido cambiando con los años. La conciencia sobre el consentimiento y el abuso ha ido claramente en aumento. Y la ligereza con que se pasaba por ciertos pasajes que tenían que ver con el consumo, las sobredosis… ha ido disminuyendo. Lo notas porque donde al principio la gente se reía, ahora se hace un silencio profundo.

R. B.- ¿Crees que el teatro tiene una función social, más allá del entretenimiento, al abordar temas como este?

A. P.- Por supuesto. No tengo ni que defenderlo. Cualquiera que lo viva lo sabe.

R. B.- La obra también habla de identidad y de la búsqueda del ser. ¿Qué reflexión personal te ha dejado a ti como intérprete?

A. P.- Pues que al final todo va de lo mismo. El ChemSex es la puerta para hablar de lo que nos pasa a todos en realidad. Esta sociedad está enferma de vidas agotadoras que no nos gustan, de formas muy torpes y violentas de vincularnos porque nos metieron mucho miedo y no tenemos herramientas, de una relación nefasta con el sexo… y nos dan químicos baratos y legales para sobrellevar un sistema que no da más.

R. B.- ¿Qué significa para ti presentar El Gé en Bilbao, una ciudad con una escena cultural en crecimiento?

A. P.- A mí Bilbao, desde que lo conocí yendo de gira por primera vez con otra obra, me pareció una andalucía del norte. Y lo digo en serio. Un sitio con tanta raíz, y a la vez con una proyección tan grande… Me conquistó desde el minuto uno. Eso de que en Andalucía, si preguntas por una calle, la persona te acaba llevando al sitio para acompañarte, a mí me ha pasado en Bilbao y varias veces. Y ahora fuera de bromas, me parece casi un honor actuar en Bilbao porque me parece referente tanto en cultura como en ocio. La manera de vivir la fiesta y la cultura a la vez es una pasada. Estuve en Aste Nagusia así que lo viví en carne propia 😉

R. B.- ¿Qué esperas del público bilbaíno al enfrentarse a un tema tan delicado?

A. P.- Comprensión y empatía. Estoy casi seguro de que voy a sentir todo el tiempo que “saben de lo que hablamos”.

R. B.- Como actor, ¿qué aprendizajes te llevas de esta experiencia?

A. P.- He crecido mucho como actor y hacer un personaje tan lejos de mí en algunos aspectos me ha dado mucha tabla y mucha seguridad. Me he confirmado a mí mismo que soy actor con este trabajo. Y además es un proyecto que me implica personalmente.

R. B.- ¿Qué proyectos te ilusionan después de El Gé?

A. P.- Pues al hilo de lo anterior, vengo pensando en que voy a necesitar un proyecto que me implique a nivel personal tanto como este, así que tendré que generarlo. En cualquier caso, estoy muy estimulado con lo nuevo de teatro en lo que voy a estar, “La pasión infinita” de José Troncoso, nada que ver con esto pero muy interesante a nivel de lenguaje escénico. Y por otra parte empiezo un taller de dramaturgia en el que quiero descubrir qué saldrá de mi cuando me siente a escribir. Quién sabe si acabará cristalizando en algún proyecto nuevo…

Y por no dejarlo en el tintero, me encantaría algo de audiovisual sobre el tema. Aunque si se van a meter, que lo hagan con profundidad y honestidad, y no con morbo y amarillismo. Sé que Emma tiene algo en el horno. Ojalá sea eso porque estoy seguro de que haría mucho bien.

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