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Ángel Rodríguez, la verdadera historia de un hombre con vulva

Sara Rodriguez nació en Madrid en 1976, ahora tiene 41 años y vive en Bilbao. Ya no es Sara sino Ángel. Vivió en Fuenlabrada hasta los 18 años, después se mudó a Toledo dónde estuvo hasta los 25; ahí se casa con un hombre y se va a vivir a un pueblo de Madrid, a Griñón. Un año y nueve meses despues se divorcia. Vuelve a mudarse, esta vez a Valencia empezando una nueva vida como Nacho. Conoció a una chica, lesbiana, y fue su pareja hasta los 34 años, su cambio físico era evidente pese a no somertse a operaciones estéticas ni de cambio de sexo. Una vez rota su relación valenciana con una mujer viene a Bilbao y aquí se convierte en Ángel. Aún no tenía el nombre cambiado en el DNI y fue en Euskal Herria donde decidió formalizar su identidad en papeles oficiales. Se sometió a dos años de seguimiento psicológico obligatorio para formalizar el cambio de sexo y nombre en el registro civiL. En 2015 y hasta ahora , Ángel trabaja de “lo que le sale” vive con su ex de Bilbao que es una mujer transexual, heterosexual.

Estaba en la guardería, creo que yo tenia unos 3 años y había un niño que no paraba de mostrarnos sus genitales cuando estábamos sentados en esas mesas bajitas donde nos ponían a hacer plastilina y yo lo miraba y pensaba: ¿Por qué yo no tengo colita y tengo rajita? Entonces me di cuenta de que yo era como él, pero con partes diferentes de mi cuerpo.

Mi familia me había dicho que yo era una niña y no iba a llevarles la contraria, pero interiomente me preguntaba a menudo quién era yo. Entonces, me di cuenta de que era un niño con un cuerpo diferente al de los otros niños.

Yo soy bisexual pero siempre me han atraído muchísimo más las mujeres. Una tarde, después de unos tres años de relación con una mujer en Valencia, vi en la televisión un caso de un chico transexual. Yo no tenia información sobre el tema, solo conocía el caso de Bibi Ándersen. Rompí a llorar y llorar de rabia y de impotencia de no haber tenido esa información hasta los 30 años, entonces mi pareja me dijo: tranquila, que si tu piensas que eso es lo que te pasa buscaremos toda la información hasta dar con la solución.

BLUE.- ¿Qué pueden hacer la instituciones?

Ángel Rodríguez.- Para empezar, dar información a los padres en el colegio, información a los adolescentes en las aulas, estar al tanto si tienen niños y adolescentes transexuales y hacerles un seguimiento por si hay casos de bulling.
Por supuesto dejar que el adolescente decida por sí solo sin el consentimiento de sus padres para que pueda empezar con el proceso.

B.- ¿Qué leyes faltan?

A.R.- Aquí en vizcaya, lo tenemos todo aprobado, tenemos unidad de género en cruces, el tratamiento nos lo cubre osakidetza, las operaciones también están cubiertas.
Hay que modificar ese plazo de dos años. Es mucho tiempo y crea muchos problemas. Otra cosa que veo necesaria es no requerir el consentimiento de los padres en los adolescentes que quieran empezar el proceso.
Tampoco entiendo es que la unidad de género no nos de el consentimiento de empezar el proceso sin esperar a la mayoría de edad. Ya que si la persona lo tiene claro y es evidente, dejar que el cuerpo se desarrolle, en el caso de los hombres trans (caderas anchas, aumento de senos…) es bastante duro psicologicamente.

B.- Tú, que has cambiado de vida y de identidad. ¿Crees que la sociedad está preparada para convivir y aceptar esta realidad?

A.R.- No, la sociedad no esta preparada para aceptar nos. Es lo que yo vivo diariamente. La sociedad es bastante ignorante sobre la transexualidad o disforia de género, por eso sería muy importante que se dieran charlas en los colegios y en los institutos, para que vayamos concienciando a la sociedad de que existimos, que nacemos así, que somos personas con los mismos derechos que cualquier otra persona y que venimos a este mundo a amar y a ser amados. Hay sitio para todos.

B.- ¿Con qué barreras te encuetras en tu día a día?

A.R.- Nos exponemos a muchos factores donde somos juzgados. Por ejemplo al utilizar baños públicos, al ducharnos en gimnasios… No todos somos iguales, la hormonación no es una cirugía plástica y siempre hay algo que hace dudar a la sociedad de lo que somos, nos miran el paquete descaradamente y un largo sin fin de anécdotas que podríamos contaros, hay que entrenarse a diario psicologicamente para afrontar esta vida.

CRONOLOGÍA DE ÁNGEL

1. Acudir en busca de información a una asociación LGBT.

2. Visita al médico de cabecera para pedir cita en la unidad de género.
“Por suerte, en la asociación me atendieron unas personas maravillosas con mucho amor y cariño, mi médico de cabecera era una mujer madura bastante empática y me dijo que ella no sabía nada del tema pero que no me preocupase, que se informaría y me llamaría. Y así fue, esa misma tarde me llamo y me dijo: ya lo tengo, pásate por aquí y lo hablamos. Me pasé y me dio la dirección de la unidad de genero donde tenia que acudir.”

3. Visita al sexólogo.
“En mi caso era un psicólogo sexólogo. Me dio un montón de test para hacer y me preguntó sobre mi niñez, mi adolescencia y mi vida como adulto. A la tercera visita me derivó a la endocrina para ver si podía empezar el tratamiento. Ya que si hay algún problema en tu organismo y no te puedes hormonar, no te dan el consentimiento. Por suerte, yo había sido deportista toda la vida y había llevado una vida saludable, no fumaba, no bebía, etc… Y no tenía ninguna patología, entonces en cuanto tuvieron los resultados me dieron el ok.”

4. Empieza el tratamiento.
“Decidí mantener las glándulas mamarias. Yo tenía una 80-85, prácticamente nada, y con el deporte y la testosterona se redujeron más. En principio acudí a la consulta de una cirujana plástica, me desnude de cintura para arriba y me puse en todas las posiciones que ella me decía. Su respuesta fue: ¿Seguro que quieres operarte?
Respondí: Tengo bastante miedo al quirófano, pero si me quitas lo que queda…
Y me dice la cirujana: Mira, tienes un pectoral masculino desarrollado y mucho más masculino que muchos hombres que han nacido con pene. Entre el pelo que tienes y siendo monitor de gimnasio eso lo vas a mantener, así que piénsatelo bien.
La operación costaba entre 5.000 y 6.000 euros, así que no me lo volví a pensar.”

5. Decide no operarse los genitales.
“Al ser bisexual he disfrutado al máximo de lo que tengo y a día de hoy no conozco nadie que hable bien de la faloplaxia o metadoplaxia. Todo lo contrario, hay un sin fin de problemas. Conozco casos que han entrado más de 5 veces a quirófano y han acabado psicológicamente hechos papilla.”

6. Visitas a la psicóloga.
“Una vez que pasan los dos años que te obligaban en la unidad de género a estar bajo supervision psicológica, te dan la documentación para que puedas cambiar en el registro civil tu género y sex. Pero son dos años, demasiado tiempo. Dos años con una apariencia ambigua, que vas con una documentación que no te corresponde y que si vas a estudiar algo, es un problema. Si vas al banco es un problema, si vas a correos es un problema, si te para la guardia civil o la policía es un problema y si vas a buscar trabajo, imagínate con mi imagen y una documentación de mujer… Es una gran putada, dos años es demasiado tiempo y te pueden joder la vida.

7. Oficialmente se convierte en Ángel
Eso siendo adulto. No quiero ni pensar el infierno que habrá podido pasar mi compañero Ekai con solo 15 o 16 años que tenía. Siento rabia e impotencia ante este suicidio.
¡¡No más muertes trans!!”

 

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