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Tatuajes – Donde hay tinta hay alegría

Por muy ‘de modernas’ que parezca, momias, sacerdotisas y emperadores ya lo hacían antes de nacer Cristo (si es que algún día llegó a nacer). Un glaciar hallado cerquita de Austria nos descubrió a un cazador neolítico de hace 5.300 años con la espalda y las rodillas claramente tatuadas y varias sacerdotisas egipcias fueron enterradas con primitivos diseños en su piel. Varios milenios después, el ‘body-art’ sigue luchando contra la rancia intolerancia de quienes asocian tatuarse con ser un macarra y va logrando hacerse un hueco en las pieles de pijos, modernas, indies o yupis. BLUE ha querido rendir un pequeño homenaje a todos esos profesionales que se emplean a fondo para poner su impronta en nuestros cuerpos, con una espectacular sesión de fotos dirigida por el siempre genial Lucho Rengifo y protagonizada por tres modelos de altura. ¡Bienvenido al mágico mundo del arte corporal!

Foto: Lucho Rengifo
Maquillaje / Body-painting: Peio Durán
Modelos: Tamara Castaño, Emma Maggiotti, Jenifer Bitorosa

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Más allá de momias y de hombres de hielo, el tatuaje volvió a la sociedad occidental en el siglo XVIII, de la mano del Capitán Cook. Los rudos marineros impulsaron el uso del tattoo, que hasta bien entrado el siglo XX estuvo relacionado con vagos, ladrones y maleantes, aunque lo cierto es que miembros de las realezas británica o española han sucumbido a la aguja, en gran parte para dejar huella de sus largos viajes a países exóticos.

Y mira cómo son las cosas, que tuvieron que ser los hippies los que “lavaron” la imagen del tatuaje en las décadas del ‘flower power’, elevándolo a la categoría de arte. Los diseños pasaron a ser coloristas y reivindicativos, muy acorde con la época.

Los hippies se hicieron mayores, y demostraron al mundo que ir tatuado no está reñido con llevar un vida sana, ordenada y legal. En España, la figura del tatuador no apareció hasta la década de los 70, una época en la que la ‘oficina’ la instalaban en los puertos de turno. Allí dibujaban en marineros y gente adinerada, hasta que, en los ochenta, la moda del ‘body-art’ conquistó a los punkies, heavies o rockers. El resto es historia pura y dura.

Leo Millares – El favorito de las estrellas

Llegados al siglo XXI, el tatuaje y el body painting acarician el estatus de ‘glamour’, y cada vez son más los famosos que se animan a lucir lustrosos diseños en sus cuerpos. Lo sabe bien, Leo Miralles, argentino de 38 años, conocido por ser el favorito de los rostros populares y por el ‘reality’ Madrid Ink, emitido por Discovery Max el año pasado. Por su manos han pasado Sergio Ramos, Marta Sánchez o Fernando Torres, entre muchos otros. A pesar de estar hasta arriba de trabajo (abrirá nueva tienda en Madrid), se muestra encantando de atender la llamada de BLUE, que desea indagar en la prolífica carrera de este reconocido artista corporal. Accede a echar la vista atrás y nos recuerda que, con 16 años, agarró una maleta y se lanzó a pintar sin contar con el benepláccito de sus padres. “Me gustaba pintar y dibujar. En cuanto pude ahorrar algo de plata, la utilicé para comprarme una máquina”.

Sus primeros pinitos los hizo en casa, tatuando a amigos y conocidos con los medios que tenía. “Mi primer tatuaje fue un duende, se lo hice a mi vecino”, recuerda con una sonrisa.

Advierte de que el arte que practica es adictivo. En sus palabras, la tinta “tiene algo mágico”, un secreto que “sólo quien lleva un buen tatuaje” puede comprender. Le preguntamos por el dolor, el verdadero motivo para que muchos y muchas no pasen más allá de la duda. Responde que es normal que el cliente entre nervioso, y relaciona que el tatuador se muestra “cercano” para poder darle la vuelta a la tortilla. “Cuando ven la cercanía con el profesional, enseguida se acomodan y olvidan su temor”. No hay una zona que, científicamente, duela más que otra, de hecho, dependiendo de la persona “varía mucho el umbral del dolor de unos a toros”, según nuestro invitado.

Como en todo, las modas van y vienen, son cíclicas, pero hay algo que no cambia. Mayoritariamente, los hombres eligen los brazos para tatuarse, y la zona favorita de ellas siguen siendo los empeines.

Siguiendo la regla de oro (el cliente siempre tiene la razón), Leo ha tatuado de todo. Lo más absurdo que recuerda, “un plato de huevos con baicon en una cabeza”. “Intento aconsejar, pero la última palabra la tiene el cliente”, se lamenta. También subraya, rotundo, que alguna que otra vez se ha tenido que negar a tatuar esbásticas o símbolos nazis.

Aún así, se siente “orgulloso” de todos sus trabajos y subraya que para él es tan importante dibujar un nombre en una muñeca como adornar una manga o una pierna entera. “Para el cliente siempre tiene mucho significado, y eso es lo que me enorgullece”.

¿Y qué ocurre si lo dejamos con el chulazo cuyo nombre nos hemos tatuado cerquita del corazón? ¿O si un dibujo que en el 2003 era lo más ahora provoca carcajadas en los vestuarios del gym? Pues muy fácil, según el artista: “No hay problema, hoy en día existen técnicas muy avanzadas para borrar el tatuaje por completo o para hacer sin problema otro tatuaje encima”.

Consciente de que el arte que practica ha estado mal visto hasta hace bien poco, de cara al futuro es positivo: “La cosa ha cambiado mucho, pero es cierto que todavía quedan personas algo clasistas que estoy seguro que acabaran tatuandose en algún momento. ¡Animaros que no pasa nada!”, les espeta.

Terminamos la masterclass con una breve referencia a la muletilla que le acompaña en todas las entrevistas: ¿Porqué le apodan el tatuador de los famosos? “Pues mira, tatué a una persona conocida, y, poco a poco, el boca a boca hizo que empezaran a visitarme profesionales de todos los sectores”. Le encantaría tatuar a Rafa Nadal (a nosotros también), y recuerda que el futbolista Royston Derenthe se quedó dormido mientras la aguja le aplicaba sus temidos micropinchazos. Su participación en el programa Madrid Ink la recuerda con cariño y afirma que “lo repetiría una y mil veces… aunque terminabamos reventados”.

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Consejos BLUE

Es una obviedad recomendarte que, antes de tatuarte, te lo pienses bien: ten claro qué diseño quieres, a qué tamaño irá estampado en tu cuerpo y la zona que siempre soñaste tatuarte. Recuerda que no siempre serás joven y descarta los “calentones”. ¿Te imaginas dentro de 20 años con un corazón en el pecho y dentro del nombre de Justin Beaber? Pues eso…

1) Déjate aconsejar:  No seas cabezon/a. El tatuador al que has encomendado tu piel es un profesional, y por mucho que te emperres en un diseño concreto, él puede abrirte los ojos ante posibles mejoras o inconvenientes.

2) El dolor: Para que te hagas una idea, la máquina con la que te aplicarán el tatuaje realiza micro-pinchazos equiparables a la depilación con eléctrica. Hay zonas en las que duele más (lugares donde sólo hay hueso, el interior de muslos y brazos…), aunque el aguante del dolor depende de cada persona. Duerme bien, vete desayunado o comido y confía en el tatuador.

3) Evita riesgos: Es importante que elijas bien el lugar donde te vas a hacer el tatuaje. Debe contar con los aparatos de esterilización que marca la ley y cumplir las normas de higiene. No seas rata, y evita escoger un estudio sólo porque es más barato. Tu salud está en juego.

4) Ni borracho ni drogado: Más de una/o piensa que por ir borracha/o o bajo el efecto de sustancias estupefacientes podría evitar el dolor: Es una falacia como un piano, ya que el alcohol puede provocar aún más sensación de dolor.

5) Enfermedades: No todo el mundo puede hacerse un tatuaje. Habla con tu  tatuador si padeces diabetes, hepatitis, tuberculosis o alergias de cualquier tipo. Si tienes hongos u herpes, comunícalo también.

6) Cuidados: Estarás pensando: ¡pero qué pesadas, que ya lo sabemos! Pero nuestro deber es advertirte de que los cuidados posteriores al tatuaje son imprescindible para su mantenimiento tras el periodo de cicatrización: Mantén puesta la venda unas horas después de salir del estudio, luego deja que la piel respire. Tres veces al día (durante la primera semana) enjuaga el dibujo y aplícate crema cicatrizante. Por mucho que te fastidie, tienes que evitar el agua del mar o de la piscina los primeros siete días, y si tomas el sol, pantalla total.

Tatuajes LGBT

Dice nuestro experto tatuador que el diseño escogido es inherente a la condición sexual del cliente. Estamos de acuerdo, pero ya sabes que en BLUE nos gusta mucho traernos todo a nuestro terreno. La verdad es que la comunidad LGTB fue una de las primeras que quiso romper moldes y apostar por lo diferente y mal visto. Repasamos EL TOP 3 de los símbolos más solicitados a los tatuadores.

• La doble cruz o la doble flecha: Son los símbolos que nacieron en la Roma clásica y que han venido siendo utilizados por distintos grupos de gays, lesbianas o feministas a lo largo de la historia. También los transexuales han hecho suyo el intercalado del símbolo masculino (flecha) y femenino (cruz).

• La bandera arcoiris: Usado como recurso reivindicativo desde la década de los 70 y diseñada por Gilbert Baker (San Francisco), cuenta con la ventaja de ser colorido (cada color tiene su significado) y vistoso. Aún así, es poco original, ya que es el símbolo LGTB más solicitado por los tatuados. Si te animas por él, piensa en alguna variación que lo haga único.

• El triángulo rosa: Tristemente famoso por ser invento de los nazis para identificar a los homosexuales, en los años 70 resurgió como símbolo del activismo LGTB. En los 80, se decidió que el triángulo que apuntara hacia arriba simbolizaría la activa batalla de gays y lesbianas contra la intoleracia y la homofobia mundial.

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