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Parejas… más de dos

Queridas amigas, en mi afán por ilustraros y allanaros el camino hacia la felicidad, además de procurarme un Pulitzer o un TP de Oro, voy a hablaros de todas las posibilidades matemáticas y de gestión de las relaciones humanas entre invertidas comunes, con la autoridad que me otorga mi licenciatura en Sociología por la Universidad de Nairobi, mi Master en asuntos homosexuales por la universidad de Bagdad y mi Doctor Honoris Nausea por la de Copacabana.

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La importancia capital del tema que este mes nos ocupa es tal, que me voy a ver obligado a escribir palabras esdrújulas e incluso alguna sobresdrújula, así que leed despacio no os vayáis a atragantar por falta de costumbre lectora, que todas sabemos que lo más largo que leéis habitualmente son las medidas de los chulos en el grindr.

Que no os engañen queridas amigas, en esto de las relaciones la matemática común no funciona, las reglas de la aritmética fallan, uno más uno a veces son más de dos. Y es que el ser humano tiende al gregarismo. Si bien no es tan gregario como las hormigas o Mocedades, ni tan solitario como el tigre o Beyonce desde que dejó las Destiny´s Child, si que tiende a vivir en comunidad. Nos agrupamos o disgregamos en base a nuestras necesidades y circunstancias, porque hay cosas que se hacen mejor en compañía y otras muchas para las que no se necesita compañía alguna. Por ejemplo, follar. Follar solo es complicado, requiere de mucha imaginación y una gran elasticidad, es por ello que procuramos hacerlo con otros. O cagar. Cuando uno caga no necesita a tres jaleándole y celebrando el tamaño, testura y aroma de lo cagado, porque cagar requiere de cierta concentración y es mejor hacerlo en solitario.

En nuestra acera la vida comúnmente se articula a través de la pareja, que es el mínimo común denominador de la comunidad. El morfema de la sociedad, tías. Y es que el fin último de todo mariquita que se precie de serlo es follar; pero a veces, entre jadeos y acrobacias inenarrables va y se enamora del objeto de sus deseos más primarios, y otras  veces,  las menos, el destino se alía con ambos y el amor es recíproco, lo que les condena a constituir lo que vulgarmente llamamos pareja. Como somos gays, es decir, más complicados que tejer una bufanda con los pies, nuestras parejas no siempre responden al perfil clásico de dos personas, a veces, somos tres, o cuatro, o una multitud que no cabría alrededor de una mesa camilla, lo que multiplica por “n” las complicaciones, siendo “n” el número de participantes de esa inédita pareja.

Las relaciones humanas son como el póker, pero a la inversa. Cuantas menos personas conformen la jugada más posibilidad de éxito tendrán. Así las posibilidades de éxito de un repoker son infinitamente menores que las de una pareja pelada, por que a menos personas, menos complicaciones. Esto es de Perogrullo.

La pareja clásica

La pareja la conforman dos, como su propio nombre indica, y su éxito radicará en el pacto que estas dos personas contraigan.

El trio

El trio viene a ser una pareja venida a más por puro aburrimiento o por una necesidad de perpetuarse en el tiempo. Cuando ven que el diálogo no da más de sí por falta de temas o porque se atropellan a la hora de hablar resulta a veces necesario incorporar un nuevo participante a la relación que bien de vida a ésta, bien pueda ser usado por la pareja primigenia como sparring.

La doble pareja o el  full

A veces el trío se queda corto y la pareja se ve en la necesidad de hacer una “joint venture” con otra pareja en su misma situación. Esto suele suceder cuando una de las partes de la pareja conoce a otra parte de la otra pareja y entre ellos surge la chispa, lo que obliga a sus medios pomelos a entrar en el juego para salvar su propia pareja. Este tipo de doble pareja o full tiende al fracaso con rapidez, porque no todos los amores son correspondidos con la misma intensidad y la cosa puede terminar en una guerra a dos bandas.

El Poker

Puede llegar un momento en la vida de la pareja que a cada uno de sus miembros les posea el espíritu de la lujuria y les de por ir por ahí haciendo amigos como si no hubiera un mañana. Es probable que terminen configurando un grupo tan heterogéneo como divertido que lo mismo termina en cruenta lid como en divertida orgía. Con un poco de suerte la pareja superará esta fase y volverá  al comienzo, en el que más de dos son multitud. O también puede suceder que la cosa vaya a más…

El Repoker

También conocido como el “éramos pocos y parió la abuela”. Si la cosa va a más y continúan añadiendo miembros a la relación, nunca mejor dicho, pueden pasar dos cosas, que la cosa siga creciendo aritméticamente a lo largo del tiempo y terminen montando una comuna en un baserri en las faldas del Gorbea, o que tras una cruenta guerra cada cual continúe su camino. Esto último es lo más probable. Y es que cuando juntas a media docena de maricas en una casa y no precisamente la noche que se celebra Eurovision, las chispas devienen en fuegos de artificio, y éstos en misiles tierra aire y la Segunda Guerra Mundial se queda en una anecdótica pelea de patio de colegio, nenas. Cada una querrá su propio iPhone, su propio blanqueamiento anal y sus propios micro injertos de pelo de pony. Y este despiporre no lo aguanta ni la Comunidad Valenciana amigas.

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Vamos, que tu vida comienza como un placido diálogo y termina como una sesión de control al gobierno en el congreso de los imputados. Por eso, para estos casos la mejor solución es ponerse neoliberala y  externalizar los chulos. ¿Para qué vas a meterlos en casa si puedes tenerlos viviendo en las suyas propias y echar mano de ellos cuando te pique el coño?

Para evitar que tu pequeña y anodina relación de dos termine como el rosario de la aurora hay que realizar una pequeña operación aritmética, a saber, restarle los celos y sumarle un comodín al juego en forma de chulo transitorio que anime un poco las ascuas de vuestro amor sin que se queme el bosque. Esto viene a conocerse como “abrir la pareja” y tiene los mismo inconvenientes que las anteriores posibilidades, con la diferencia de que el tercero siempre es transitorio, tiene carácter provisional y en caso de conflicto siempre se puede prescindir de el.

La otra opción es condenarte a que tus parejas nazcan con fecha de caducidad y termines convirtiéndote en un monógamo compulsivo. Y si esto no te convence siempre puedes optar por la soledad y follar con quien te salga del chichi cuando te salga del chichi o hacerte monje cartujo y dedicarte a la vida contemplativa en un monasterio de la mano de Dios. A esto último se le llama hacerse un Leonard Cohen.

Algunas de vosotras ahora mismo estaréis escandalizadas, porque sois de esas que os echasteis novio y lleváis años espalda con espalda oteando el horizonte para ver que chulazos quieren follarse a tu novio. Qué paradójico ser mariquita y vivir culo con culo con tu novio, con lo bien que lo pasaríais si sólo uno de los dos se volteara. Estáis tan preocupadas de la fidelidad que cuando menos os lo esperéis moriréis de puro hastío.

Nunca creí que fuera a decir esto; pero no quiero dilatarme mas. Así que dejo el Popper a un lado y concluyo, tías, no sin antes recordaros que la vida y el sexo es como el tetris, hay que procurar que las piezas encajen.

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