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Maneras de envejecer con dignidad

La dignidad es la cualidad del que se hace valer como persona, se comporta con responsabilidad, seriedad y con respeto hacia sí mismo y hacia los demás y no deja que lo humillen ni degraden. La dignidad es un coñazo. La dignidad está sobrevalorada, como la soja, que sabe a pis.

Las mariquitas en general nacemos, crecemos, no nos reproducimos por incompatibilidad biológica, envejecemos y morimos. En ese transcurso podemos optar por envejecer con dignidad… o no.

Envejecer con dignidad implica aceptar tu edad en cada momento e incluso publicitarlo, adoptar un modelito adecuado apara cada edad e incluso un comportamiento, lo que viene a llamarse “madurar” que está igual de sobrevalorado que la “dignidad”, amigas.

Así que al tiempo que envejeces y gritas tu edad a los cuatro vientos, pasarás de la camisetas, al camisero y de éste a la camisa de cuadros; de votar a Bildu, a votar al PSOE para terminar votando al PNV, como todo Dios; del pantalón vaquero, al chino y de éste al pantalón de pinzas. Sí tías, a esta degeneración es a lo que llamamos envejecer con dignidad.

Y yo, como los carretes de fotos y los actores noveles me revelo ante esta imposición social llamada “envejecer con dignidad”.

Aquí os dejo formas alternativas de envejecer donde la dignidad, y el sentido común, brillan por su ausencia, tías.

DISIMULAR

Cuando cumplí la edad de pagar el transporte público mi madre me pidió encarecidamente que me hiciera el tonto, yo me lo hice, sin esfuerzo, y así conseguí no pagar billete durante tres años, hasta que la pelusa sobre el labio me delató.

Amigas, uno sólo tiene la edad que confiesa. Así que mantén la boca cerrada y evade preguntas impertinentes; crea misterio, pero mantén un perfil bajo; resulta intrascendente.

Tu insignificancia te hará pasar desapercibido, eso será como ponerte encima 3 filtros del Instagram permanentemente, lo que te dejará en los 40 y pocos aún y cuando ya seas víctima de las temidas colonoscopias.

No asumas tu edad ni bajo tortura.

VOLVERTE LOCA DEL COÑO

La mejor forma de desviar la atención sobre tu imparable carrera por emular a Matusalén reside en tu capacidad de desviar la atención.

Vuélvete loca del coño, hazte hippie, ponte rastas y pantalones de poliéster de vivos colores y cortes imposibles; vete a vivir a una comuna a un descampado de una isla cuqui, hazte budista, aprende a hacer malabares, hazte perroflauta, todo el mundo sabe que los perroflautas carecen de edad… y de sentido común.

En definitiva amiga, trasciende las leyes físicas y vuelve a la adolescencia como si Benjamin Button te hubiera poseido, que ya te gustaría a ti que te poseyera la Brad Pitt, eso rejuvenece a cualquiera.

PONERTE EN MANOS DE LA CIENCIA

Si eres más pija que comprar zumo recién exprimido y el solo contacto del poliéster con tu piel te produce eczemas, siempre puedes recurrir a la ciencia amiga.

La ciencia no es una travesti vallisoletana, es una disciplina que puede hacer que tú, que naciste con la televisión en blanco y negro, parezcas una adolescente eternamente, aunque es muy probable que termines con el ombligo en la nuca y el escroto en la barbilla, algo a lo que ya deberías estar acostumbrada, cerda.

Haz que te transplanten los pelos de los huevos a la coronilla; desayuna placenta de gorila en celo; paga para que te centrifuguen la sangre en una máquina de diálisis; hazte tres liftings, seis microliftings; inyéctate botox; aliméntate a base de alpiste; hazte runner; vota a Podemos; apúntate a yoga, pilates, danzas exóticas; sométete a peelings o a cualquier cosa que no entiendas y termine en ‘ing’… y si no mueres de un ataque de estrés es probable que logres tener la cara de un niñato acneico y apático a partes iguales, lo primero por las cicatrices de los costurones de tanta intervención, lo segundo por la total falta de expresividad que se te va a quedar, maricón.

PONERTE EN MANOS DE BERSHKA

Por mucho que inviertas en tratamientos estéticos, tanto cosméticos como quirúrgicos, no vas a conseguir nada si no adaptas tu cara a tu vestuario.

Vete al Bershka y lánzate contra el primer mueble que veas, luego rebózate en la sección de quincalla del H&M. Olvida todo lo que has aprendido con los años, a partir de ahora menos será menos, así que apuesta por ponértelo todo encima, cuanto mayor sea el cuadro mejor.

Cambia el “ya no tienes edad” por el “ya no tienes donde colocarte la sudadera fosforescente que te llega hasta las rodillas”.

Llegados a este punto, hayas tomado el camino que hayas tomado, estoy seguro que pareces una mamarracha disfrazada que vive fuera de la realidad. Llegados a este punto, amiga, a nadie le importa tu edad, están más preocupados con no cruzarse contigo. Te evitarán, te condenarán al ostracismo social; pero no tendrán cojones a preguntarte la edad. Y lo que no se dice, no existe. Eso sí, procura no acercarte al ambulatorio no vayas a terminar en el pabellón psiquiátrico de algún bonito resort.

 

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