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Las ventajas de Viajar en Septiembre (u octubre)

Queridas amigas, a vosotras que sois más previsibles que Paquirrín en un after, nunca se os ocurriría hacer las cosas fuera de temporada, porque disfrutáis viviendo en el rebaño, os tranquiliza ser parte integrante de la manada, ya lo decía vuestra madre, que acabaréis tirándoos por un barranco cuando el resto se tire, tías.


Pero yo, que soy más independiente que el ojo izquierdo de Leticia Sabater, me gusta llevar la contraria y nadar a contracorriente. Un poco por joder, otro poco por ver qué pasa.

Hoy voy a hablaros de las vacaciones, esas diez letras tan maravillosas, y del verano, esa estación que en Euskadi cae en martes y a veces llueve, amigas.

En vuestro afán por seguir al rebaño os vais de vacaciones en Julio o Agosto y durante dos meses posáis aquí, allá y acullá en fardapollas, con la cadera dislocada y los morros inflamados, adosados a chulos imponentes de tetas descomunales en playas donde no cabe un alfiler u os hacéis selfies en monumentos en los que la multitud tapa al monumento. Hacéis colas interminables para conseguir una birra en chiringuitos más concurridos que una oficina del INEM. Os veo sufrir mientras impostáis una sonrisa y me dais pena, amigas.

Es por ello, que hoy os voy a explicar por qué el año que viene deberíais de viajar en septiembre. No me lo agradezcáis, hacedme una transferencia.

Menos gente
Según la RAE, “vacación” es un descanso temporal de una actividad habitual, pero vosotros lo que hacéis es cambiar una actividad por otra. Dejáis de trabajar para seguir trabajando. Si queréis ir a la playa os tenéis que levantar a las 7 de la mañana para pillar sitio en primera linea, o para terminar en quinta linea rodeado de macarras y chonis con Camela sonando a todo trapo y de niños hiperactivos que os llenan el bocadillo de arena. Cambiáis un trabajo remunerado por uno forzoso.
En cambio, en septiembre los niños vuelven al cole y los macarras y las chonis a la cola del paro. Siempre encuentras sitio en la playa, y cuando visitáis un museo es probable que paséis más tiempo viendo obras de arte que la nuca del señor que os precede en la cola.

Precios más reducidos
Como ya sabréis la oferta y la demanda son las que a la postre marcan los precios. Es decir que cuando la demanda es mayor que la oferta, el precio sube y viceversa. Es decir que si hay más mariquitas que barriles de cerveza en el chiringuito de turno, la cerveza se encarece.
Por lo que a menos mariquitas más barata la cerveza. Y cuanto más barata es la cerveza, mayor probabilidad de mariquitas borrachas, y cuantas mas mariquitas borrachas, más probabilidad de que os folléis a una. Y es que a veces hay que ir muy pedo para follar con vosotras, monas, que sois un cuadro abstracto algunas.

Menor planificación
Cuando viajáis en temporada alta tenéis que planificar vuestras vacaciones con mayor antelación si queréis conseguir un mejor alojamiento o un vuelo más barato. Esto implica un riesgo, porque una mariquita previsora puede comprar un viaje al Caribe con 6 meses de antelación y terminar centrifugado por el huracán Irma.
Si viajáis en septiembre en cambio, como las afluencias y los precios son menores, puedes apurar y correr un riesgo menor a la hora de escoger destino.

Chenoa
Sí amigas, viajar en septiembre implica que cuando tú vas, ellas vuelven, y eso jode y mucho. Imagínate a tus amigas en la oficina viéndote en facebook, instagram, twitter o el grindr desnucada sobre una hamaca mientras un chulazo brasileño te sirve una caipirinha. Disfrutas por partida doble, del chulo y la caipirinha, y de la envidia que tus amigas están pasando. Para una mariquita el sufrimiento de otra mariquita es directamente proporcional a su felicidad y lo sabéis, tías. Así que haceos un “Chenoa” y viajad en septiembre. Y que sufran como perras.

El clima
En septiembre, por norma general, continua el buen tiempo, solo que las temperaturas bajan de media entre 2 y 5 grados. Esto implica un menor riesgo de que muráis por combustión espontanea en una playa atestada de la costa mediterránea. Además, las visitas culturales que os obligará a hacer vuestra amiga la culta serán más agradables, aunque igual de aburridas. ¿Quién quiere ver una catedral vieja con la de monumentos que uno puede ver en la playa?

En definitiva, viajar en septiembre sólo tiene ventajas, económicas, climáticas, logísticas y sociales. Así que el próximo agosto espero que os quedéis disfrutando del aire acondicionado en vuestra desierta oficina mientras os tocáis los cojones a dos manos, a tres si sois del circo del sol y viajéis en septiembre, cuando lo hacemos las guapas.

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