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Filofobia, la enfermedad de quien no puede amar

¿Llevas incontables meses pensando que buscas pareja, pero te auto-convences de que nadie es capaz de llenarte? ¿Después de un par de citas con alguien que mola empiezas a darle largas sin saber muy bien por qué? ¿Empiezas a pensar que el problema eres tú? Bingo: seguramente seas “filofóbico” y estés aterrorizado/a ante la posibilidad de enamorarte.

El miedo a tener pareja, a sentir por otras personas, o a vivir un amor correspondido tiene nombre, y es algo que le ocurre a muchísima gente. La “filofobia” la sufren las personas que huyen de manera irracional del amor. Según un estudio reciente, solo en Estados Unidos hay 250.000 personas que sufren esta fobia. Y cuenta la historia que la propia Isabel I de Inglaterra sufrió este transtorno, que está clasificado dentro de las enfermedades de ansiedad.

Las filófobas suelen ser personas que van apartándose del mundo y optan por vivir en soledad. Prefieren no tener conversaciones muy largas con otras personas, y es más común entre las mujeres que entre los hombres, aunque en los últimos años la cosa tiende a equilibrarse.

Si lo piensas bien tiene su lógica: nos meten en el bolo la idea del amor romántico, el de príncipe con príncipe o princesa con princesa. Pero tanta magia, tanta felicidad, puede llegar a dar verdadero pavor.

Según los expertos, como en todo, hay “filófobicos” y “filofóbicos”. Los casos más severos suelen sufrir incluso molestias físicas relacionadas con la ansiedad: taquicardias, mareos o náuseas.

Aún no está muy claro de dónde viene, aunque podría tener dos orígenes: haber tenido una malísima experiencia en el amor (véase una ruptura inesperada con alguien a quien seguimos queriendo) o haber sido testigo de una horrible relación entre nuestros progenitores.

Excusas que ponen los “filofóbicos” para justificar sus continuas huidas en cuanto huelen el amor: que no lo necesitan, que les encanta vivir y estar solos o que todo el amor que necesitan lo encuentran en las personas que les rodean.

Este miedo al compromiso puede tratarse con ayuda profesional, pero lo mejor es aceptar lo que te ocurre, expresarlo y contárselo a tus amigos y ser capaz de dejarte llevar.
Vale, es fácil decirlo desde una revista como ésta, pero en realidad la solución está en conocerse a uno mismo, aceptarse, y hacer frente a nuestros miedos con una buena terapia de choque. Si después de leer este texto te has visto reconocido o aludido, date una buena oportunidad de amar, y aparta de tu mente esos pensamientos fatídicos que te impiden disfrutar de una buena pareja. Oye, y si te sale mal… ¡a por la siguiente! Que no hay mayor mentira que decir que todos los hombres o las mujeres son iguales.

 

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