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En Forma para el Verano (I)

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Aunque la aspiración a mantener una silueta lo más óptima posible durante todo el año es cada vez más frecuente, no es menos cierto que llegadas estas fechas hay un mayor estímulo por dar una vuelta de tuerca antes de que llegue el verano, así es que vamos a hacer un repaso de las distintas opciones que se nos presentan, empezando por la más básica e importante.

Si hay exceso de peso, sea mucho o poco, será inevitable hacer un replanteamiento de la dieta y/o de la actividad física. TODAS las dietas de adelgazamiento funcionan, pero es verdad que el grado de restricción y de exigencia varía de unas personas a otras. El ideal de dieta es aquella lo menos descompensada posible que permite una bajada de peso ni muy rápida, que provocaría una menor reducción de los % de grasa, ni muy lenta que provoque el desencanto y el abandono. El adelgazamiento supone esfuerzo y propósito de modificación de hábitos ya que si no el mantenimiento será prácticamente imposible. Es verdad que no hay por qué pasar hambre pero sí envidia en ciertos momentos. Si no nos costara ningún esfuerzo, con mucha probabilidad sería porque no hemos modificado ninguna de nuestras rutinas, aunque con un buen grado de mentalización, se hace muy llevadero y la progresiva mejoría estimula mucho para continuar en el esfuerzo.

En muchas ocasiones mostramos frustración cuando tomamos conciencia de que no vamos a comer nunca más todo lo que nos apetezca, algo que no nos ocurre con otras de las múltiples limitaciones que tenemos en nuestro día a día: tampoco podemos dormir todo lo que nos gustaría, ni podemos dedicar todo el tiempo que nos gustaría a nuestras aficiones, etc,… y no pasa nada. Con la comida pasa igual. Salvo en las excepciones que confirman la regla, la gran mayoría no podemos dejarnos llevar por todo lo que nos apetecería comer, pero se puede llegar a un punto muy llevadero basado en la COMPENSACIÓN. Cada uno tiene que buscar la fórmula. Lo habitual suele ser el estar un poco más estricto los días más rutinarios, días de diario, etc para poder relajarse los días que compartimos momentos de ocio.

Es verdad que no todo es tan sencillo. Aparte de los compromisos sociales, que son compensables apretando entre semana, hay otro enemigo más difícil de combatir: la ANSIEDAD. Cada vez es más frecuente que descarguemos nuestras frustraciones, disgustos, aburrimiento, con la ingesta de alimentos azucarados o salados que crean a su vez dependencia. En muchos casos el aporte de triptófano, aminoácido precursor de la serotonina, puede ayudar a combatir esa pulsión sin necesidad de recurrir a ansiolíticos del grupo de las benzodiacepinas que van a acabar provocando una habituación complicada de revertir. Como siempre, hay que poner todo en una balanza y a veces es peor el cuadro de estrés que el hecho de recurrir a estas medicaciones.

Otro de los suplementos a los que se puede recurrir como coadyuvante a la dieta son los que disminuyen la absorción de hidratos y grasas para los días en los que no queda más remedio que excederse. Excepto la faseolamina si el exceso va a ser a base de hidratos y el orlistat si va a ser a base de grasas, los demás se quedan un poco cortos. Además hay que tener claro que si por el hecho de tomarlos vamos a excedernos más, no compensará ese diferencial y será peor el remedio que la enfermedad. Por último, otra opción válida es recurrir a algún drenante, sobre todo en el caso de las mujeres, pero sin llegar a diuréticos que pueden provocar pérdidas de potasio y bajadas de tensión. El objetivo en este caso será disminuir las oscilaciones por retención hídrica sobre todo en ciertos días del ciclo menstrual.

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