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Emilio Sagi

Lo lleva en la sangre. Nieto y sobrino de reconocidas figuras de la lírica, Emilio Sagi nació en Oviedo y allí se doctoró en Filosofía y Letras en 1979. No contento con ello, viajó a Londres para estudiar Musicología. Ya como director de escena presentó ‘La traviata’ de Verdi en 1980, en Oviedo. Diez años después, fue nombrado director del Teatro de la Zarzuela de Madrid, cargo en el que se mantuvo hasta el 99. Tras encargarse de la dirección artística del Teatro Real de Madrid (2001-2005), llegó a Bilbao en 2007, donde fue nombrado jefe artístico del Arriaga. Es el máximo responsable de la programación y un fanático de la producción propia. ‘Katiuska’, ‘Il Viaggio a Reims’, ‘La Clementina’, ‘La corte del faraón’, ‘Barberillo de Lavapiés’ o la reciente ‘El Caserío’ son sólo unos pocos ejemplos de lo que Sagi ha hecho por el arte en los últimos años. Además de creaciones líricas, el Teatro Arriaga ha presentado con Emilio Sagi al frente, las tres primeras producciones de danza de toda su historia, producciones y coproducciones teatrales y un abanico de espectáculos de género variados y pensados para todo tipo de público.

Sospechoso de contar con el don de la ubicuidad, a Emilio Sagi no hay rama artística que se le resista. Conocido por abrir las puertas del Arriaga al cabaret o al circo, es un amante de la lírica, la zarzuela y la danza, entre muchas otras. Y lejos de acusar cansancio, el responsable artístico de uno de los mejores teatros del mundo afronta con ilusión el año de la presunta recuperación económica. ¿Veremos algún día a Daddy Yankee en el Arriaga? La respuesta, en esta artística charla…

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BLUE.- Leyendo su Currículum, uno puede llegar a marearse. Oviedo, Madrid, Bilbao… ¿Cómo fueron sus primeros días en el botxo, allá por enero de 2008?

Emilio Sagi.- La verdad es que había trabajado con anterioridad en el Arriaga, debuté el día de la reinauguración (finales de 1986) con una ópera, y luego hice algunas más. Tenía muchos amigos aquí, pero después de salir del Teatro Real pensé que no iba a dirigir otro teatro, y fue Iñaki Azkuna el que me llamó para el Arriaga. Nunca había dirigido un teatro que no fuera de lírica. Fue un reto, me provocó, y vine para aquí. Estoy muy contento, me siento muy acogido por la profesión teatral y por el público de Bilbao. El teatro tiene una media de entradas estupenda, la gente nos apoya mucho y viene a ver casi todas las cosas que hacemos, y eso que hacemos cosas muy variadas.

B.- ¿En qué estado de salud se encontró el Arriaga?

E.S.- Estaba muy bien organizado, con una programación muy seria. Yo seguí construyendo sobre lo que ya estaba construido. Lo que es fatal en un teatro o en una institución es cuando entra alguien y cree que todo lo anterior es una porquería. Había muchas cosas hechas y las intenté aprovechar y optimizar. Metí más cosas, como el cabaret, el circo…

B.- Tiene que costar gestionar un teatro con la que está cayendo…

E.S.- Pues sí, la crisis nos hizo mucho daño, en primer lugar la subida del IVA fue un golpe bajo para cualquier institución cultural. Intentas que esa subida no llegue a tus clientes, intentas comértela tú con patatas, y eso es más duro, intentar que esa subida no afecte a las entradas. La crisis nos hizo mucho daño, pero no por el ayuntamiento, que nos sigue ayudando como antes. Además el Arriaga tenía unos patrocinadores estupendos, y ahora es dificilísimo que te den dinero porque están en una situación muy precaria.

B.- A la hora de programar, ¿siempre les han dejado libertad?

E.S.- Total. Tenemos una libertad absoluta para programar, nunca nos ha dicho el Ayuntamiento ni nadie ‘tenéis que programar esto o esto no lo programéis’. Esa libertad es algo que caracteriza la política aquí en Bilbao y en Euskadi.

B.- Uno de sus puntos fuertes ha sido siempre la producción propia…

E.S.- Pienso que un teatro lo primero que tiene que hacer es producir cosas, lo que no puedes es siempre comprar. Creo que de esta manera, el Arriaga suena a nivel internacional. Aquí hay una serie de actividades culturales importantísimas y yo creo que el teatro debe tener esa categoría. No puede ser un puesto de feria que acoge sólo las cosas que vienen de fuera, también hay que producir. El Arriaga tiene que hacer desde la ópera más exquisita a un espectáculo de cabaret de transformismo o de circo o de lo que sea. El teatro debe estar abierto constantemente, tiene que tener libertad máxima total y que los creadores hagan lo que les dé la gana.

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B.- ¿Cuál diría que es género más aplaudido por los bilbaínos y bilbaínas?

E.S.- El de aquí es un público estupendo. Aplaude mucho, son muy respetuosos. Es una cosa muy rara oír abucheos en Bilbao; si no les gusta no aplauden. Es un público que viene a casi todo y que te ayuda mucho. En cuanto a géneros, tenemos un público de danza y ballet importantísimo, aquí el ballet gusta muchísimo, pero no sólo el clásico, también la danza contemporánea… En teatro también tenemos casi un 85% de todas las entradas vendidas. Cuando haces ópera contemporánea cuesta un poco más traer al público, pero así todo, la gente viene. A pesar de la crisis, en Bilbao y Euskadi siempre dejamos un poquito de dinero para ir al teatro y salir a cenar.

B.- Otra de las incorporaciones recientes son los Cuartitos del Arriaga…

E.S.- Los inventamos por casualidad. Había un concierto de los pastores de Iparralde, pero era carnaval, y el desfile acababa en el Arriaga, y no se oía nada. Así que llevamos las sillas al escenario, y no sabes qué bonito fue. Nos inventamos los cuartitos y ahora los hacemos de música, teatro, cabaret… El año pasado hicieron uno las Fellini y dentro de poco va a hacer otro el premio nacional Ramón Barea…

B.- ¿Está acertando el Arriaga a la hora de atraer a la juventud al teatro?

E.S.- Tenemos la agrupación ‘Los amigos del Arriaga’, que son un sostén para nosotros, porque en cuanto sale la programación anual ya nos encargan las entradas. Tenemos un colchón de público que es fijo, y eso es maravilloso. Son 3.200 personas, una cifra que cada año crece. Siempre intentamos que entre gente joven, pero a mí tampoco me gusta hacer algo tan radical que la gente diga “que horror es esto”. El público hay que intentar renovarlo, pero tampoco quiero hacer cosas tan raras…

B.- ¿Descartamos, entonces, oir reaggeton en el Arriaga?

E.S.- Bueno… ¿por qué no? Nunca hay que decir que no a nada y no hay que tener censura previa. Luego puede ser que el espectáculo sea una porquería y no repetirlo nunca más, pero a mí me parece que la censura previa es un absurdo.

B.- El gran logro de Emilio Sagi y el día en el que dijo ‘tierra trágame’…

E.S.- Estoy contento con muchas cosas. El logro del que estoy más orgulloso es que la profesión teatral de aquí está con nosotros, contenta con el Arriaga. Me siento muy feliz de formar un poco parte de la familia teatral de Bilbao. Y de desastres, hay de todo, como en botica. Hay cosas que contratas sin haberlas visto, y luego te llevas una sorpresa. No te voy a dar nombres, pero recuerdo un ballet que trajimos y dijimos… “un horror, un horror, qué espanto es esto”. Ha pasado pocas veces, pero ha pasado.

B.- ¿Se codea con mucho divo y diva?

E.S.- Eso es una cosa un poco pasada de moda. Ahora la gente sabe que, cuando se va a un sitio, tienes que poner toda la carne en el asador. Hay gente que quiere esto o lo otro, o que pide que no se grabe… pero luego acabas convenciéndoles. Hay que tener mano izquierda, hay que llevar a puerto el barco que parecía que estaba perdido en alta mar.

B.- De cara a este 2014, ¿qué les pide a las instituciones?

E.S.- Lo primero, que ojalá nos quiten el IVA del 21%. Somos el único país de Europa que tenemos ese IVA para cosas culturales. Y, si empieza a reflotar la economía, a ver si pueden ayudarnos, y ojalá que haya una ley de mecenazgo, y dentro de las grandes empresas puedan desgravar a Hacienda dando dinero para instituciones culturales. Eso sería estupendo.

B.- Véndame la programación de este año…

E.S.- Me cuesta mucho, son todo “hijas”. Yo recomiendo a todo el mundo que venga a ver Gauthier Dance (17-18 de enero), son seis piezas cortas, una de ellas basadas en la música de La Lupe. Hay conciertos de pop, de clásico, hay una ópera contemporánea que será estreno en Bilbao en la que vuelve a cantar José Carreras… Hay cabaret y de cara al Orgullo vuelven las Txirenitas a hacer un espectáculo…

B.- Para terminar, ¿cuál es el montaje soñado por Emilio Sagi?

E.S.- Tengo muchas ganas de hacer ‘La viuda alegre’, un montaje más cercano al musical que a la opereta, pero eso lo voy a hacer. Y a nivel internacional me encantaría que me llamaran del Moulin Rouge para hacer una revista, ese es mi sueño.

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