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El Pastel

Estela lleva muchos años trabajando detrás de un ordenador, preparando campañas publicitarias y lidiando con clientes de todo tipo, pero nunca imaginó que lo que en principio comenzó siendo un hobby haría que su nombre viajara a carteles de salas de proyecciones de varios continentes. Y es que ser ganadora en la sección de `mejor corto de ficción o documental´ del Zinegoak 2014 ha hecho que su vida cambie de la noche a la mañana.

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Estela nos recibe en su casa del Casco Viejo mientras prepara un guisado de ternera. Diseñadora gráfica de profesión jamás sospechaba que el corto “El Pastel” que ella misma dirigió pudiera llevarse el premio en la categoría de cortos lésbicos de la pasada edición del Zinegoak. La historia se centra en la conversación aparentemente mundana de una madre (Maribel Salas) y su hija (Elisa Lledó) mientras elaboran entre ambas un pastel en la cocina de la casa familiar. Su intención, cuando se puso manos a la obra hace ya varios meses, era “hacer algo que formara parte de la cotidianeidad, una conversación de madre e hija reconocible por todo el mundo, con muchas frases calcadas de la vida misma” para hacer que el espectador se vea involucrado o que le rememorase alguna situación parecida que hubiera podido vivir.

Pero está claro que una vez que ves el cortometraje, son varios los aspectos que llaman la atención, ya que las verdaderas protagonistas de los poco más de seis minutos de metraje son las manos de las actrices. “Lo primero que quería era hacer un cortometraje o contar una historia a través de las manos”. Desde ese punto de partida las manos son “un vehículo de expresión muy importante que suele quedar en un segundo plano ya que es la cara la que normalmente más expresa y queríamos comprobar si únicamente las manos pueden llegar a trasmitir una idea”. Y efectivamente eso es lo que se consigue con este trabajo después de una minuciosa planificación de posturas y gestos sólo a través de las manos. “Se hizo un story board muy preciso para poder plasmar ese baile coral mientras las protagonistas van hablando. Siempre hay un primer y un segundo plano con una de las actrices dando la espalda, y a todo esto se suman los objetos que en primer plano se usan para la confección de ese pastel; todos estos elementos obligaban a que la planificación de las escenas previa a la grabación fuera lo más detallista posible, y tuvimos que rehacer el story board hasta ocho veces”.

Está claro que aunque se trata de una escena cotidiana, el hecho de que sea un pastel lo que preparan juntas madre e hija, y no cualquier otra comida, tiene un peso especial en la historia ya que “muchas veces resulta un pastelón tener que contar a ciertas personas, o a una madre en este caso, algunas cosas, o en el lado opuesto resulta también un pastel que te den algunas noticias que no quieres escuchar”.

La historia habla de esas situaciones incómodas, utilizando como excusa para ello la salida del armario de una hija hacia su madre, pero según Estela la intención del corto era “que muchas chicas se vieran identificadas y que dijeran -mira qué gracia, esto mismo me pasó a mí y ya lo superé- o -aunque no haya dado ese paso, veo que es como otra forma cualquiera de salir del armario-”. Según nos sigue diciendo, salir del armario no es diferente en el caso de hombres o de mujeres, “todo depende del entorno en el que te encuentres, las circunstancias en las que vivas, la gente que te rodee y la seguridad que tú tengas”, aunque a igualdad de condiciones sí que considera que “las mujeres lo ocultan más porque hoy en día todavía el hombre nos sigue llevando ventaja en muchos aspectos”.

Según Estela el cine ha ayudado mucho a la normalización y a la tolerancia ya que es “una ventana para aquellos que no ven” y una manera de acercar la realidad a toda la sociedad. El cine en este aspecto cree que ha avanzado, ya que en esta última edición del Zinegoak ya no se encontraban tantos “estereotipos” en las películas, sino que se trataban de “historias cotidianas” que pueden pasar tanto a homosexuales como heterosexuales. De todas maneras le gustaría que hubiera más series y más películas con contenido homosexual para llegar a la normalización y que “no sea necesario acudir a un festival específico para poder verlas” A pesar de ser un corto ganador de un festival de cine LGBT “la idea no surgió con la intención de presentarlo a ningún concurso; nos apetecía contar esta historia y una vez realizada vimos que tenía cabida en este festival”.

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Reconoce que fue un trabajo muy duro, “cada minuto del corto suponía una hora de grabación”, y aunque el proyecto comenzó como algo “de andar por casa” cada vez más gente confió en la idea y se formó un gran equipo que ayudó a conseguir “un baile entre las manos de las actrices capaz de trasmitir todos los sentimientos”. Considera también, que contar con estas “maravillosas actrices” hizo que todo fuera más sencillo. “Leyeron el guión y captaron al instante el sentimiento que queríamos darle”.

Y una vez juntados todos estos ingredientes, igual que se juntan los ingredientes que componen el pastel que pone nombre al corto, el éxito alcanzado ha hecho que “se vaya a proyectar en varios festivales, como CIMHOMO en Valladolid, Red de Cortometrajes, Asterisco Internacional en Argentina e incluso en La India”. Nunca esperaron que el corto tuviera tanto éxito. “Estábamos temblando en la silla pendientes de si el público se reía o hacía algún gesto”, pero el resultado ha motivado a Estela a seguir creando. “Ya tenemos otra idea pensada para hacer otro corto”. Y aunque todavía es pronto para desvelarnos nada del nuevo proyecto, desde BLUE estaremos muy pendientes de la trayectoria de esta nueva promesa de nuestro cine.

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