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El Badulake

Yolanda y Elena eligieron la noche de Halloween de hace trece años para abrir las puertas del Badulake, el local nocturno de cabecera para gran parte del ambiente bilbaíno. Quedamos con nuestras protagonistas para desayunar a sólo 100 metros de la popular sala y, ¡oh casualidad! nos sentamos a una mesa de distancia de dos de las Fellini. En Bilbao, todo queda en casa.

Aunque la entrevista se centra en los 13 años de vida del Badulake, a Elena y a Yolanda les brillan los ojos cuando hablan de la parte artística del negocio. Si algo tenían claro desde el principio, era que el Badulake tenía que tener un pequeño escenario (sí, ese al que te subes cada fin de semana) y que debía de ser una catapulta para nuevos valores. Han creado una productora (‘Badulake produkzioak’) y han visto crecer a las Fellini o las Txirenitas. Y, mientras, cada fin de semana, el local sigue infatigable animando la noche con esa combinación de espectáculo y buena música. “En su día abrimos una brecha, no había nadie que pinchara en concepto ‘disco’ en Bilbao”. Y eso atrajo al público LGTB casi al instante, “aunque al principio tuvimos que vérnoslas con situaciones difíciles. Había pocos clientes y se enfrentaban entre ellos, bajaban los ‘manguis’ de San Francisco y luchaban a ver quién se quedaba con el bar”. Ganó el público que actualmente frecuenta el Badulake, “muy diverso y mezclado, de entre 22 y 55 años, una mezcla entre gays y heteros”. “Nuestro público es muy fiel, de hecho las personas que tenemos trabajando han sido previamente clientes del Badulake. Lo han bailado, lo han bebido y lo han disfrutado”. En la larga lista de famosos que han pisado el suelo del local se encuentran La Terremoto de Alcorcón, La Prohibida, Asier Etxeandia, Fran Perea o el cuerpo completo del Circo del Sol. “Carmen Machi estuvo a punto de venir, pero no lo hizo, porque tiene mucho problema con la fama y no la dejan estar”, recuerdan.

Quieren ser correctas y aseguran que la gente “no es pesada” cuando intenta pedir una canción aunque reconocen que hay alguno que “se cree el DJ” y personas “que se rebotan”, todo dentro de unos parámetros razonables. Recuerdan que, en plena efervescencia de Operación Triunfo, les pedían canciones de Bisbal y Chenoa, “y nosotros no las poníamos nunca”. En el top de las más demandadas, sigue Alaska. “Incluso a veces, cuando está sonando Alaska, nos piden otra canción de ella”. Nunca han recibido la visita de Olvido en el bar, pero sí la de Mario Vaquerizo. “Alaska nunca ha venido, nos desmayamos si entra por la puerta”.

Vamos a por el capítulo “anécdotas de baño”: “Una vez se metieron ocho personas dentro y no podían salir, no podían ni siquiera abrir la puerta. A saber qué estaban haciendo…”, cuenta Yolanda. Elena tiene otra: “Una parejita de chico y chica se metió cuando estábamos cerrando. Su cuadrilla empezó a buscarlos y, aunque dimos con ellos, no salían del baño. Al final, salieron, pero aquello estaba todo con vaho, como en ‘Titanic’… Les aplaudimos y pasaron todavía más vergüenza”.

Si el 99% de las noches resultan redondas, las dueñas del Badulake recuerdan con estupor un domingo de Aste Nagusia que acabó con “botellas en el aire”. “Un chaval sacó de quicio a una cuadrilla de macarras que nos robaron las botellas de dentro de la barra para tirárselas a la gente. Nos rompieron la puerta, pero conseguimos encerrar al provocador hasta que llegó la Ertzaintza. Ese día había unos amigos pinchando, y ¡no han vuelto!”.
Desde aquel fatídico día, el Badulake no abre el último día de fiestas de Bilbao, por lo que pudiera pasar. Pero el resto de días sigue siendo el lugar ideal para echarte pareja (“cuando alguien nos cuenta de que ha conocido allí a su actual pareja nos hace mucha emoción”) y para tomarte unas copas. Sobre lo elevado (o no) de su precio, puntualizan que llevan casi cuatro años sin subir los precios, aunque el IVA haya encarecido las copas.


El futuro del Badulake se presenta interesante: preparan la final de OT5 y el Orgullo para junio, además de una obra de teatro con las Txirenitas para Aste Nagusia. Mientras tanto, aguantan los embistes de la crisis con la fórmula que las ha acompañado durante estos 13 años: “positivismo y buen rollo”. ¿Quién puede resistirse al efecto Badulake?

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