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Cupido. Es… cupido

corazones

No. Éste no va a ser mi año. Ni árbol, ni hijo, ni libro, guapa. Una columna en la Blue y vas que chutas. Ya con esto la Inés -madre que me parió- está como tranquila. Ella piensa que su hijo al menos mientras escribe será feliz desde el “mínimal & funcional” puto piso de V.P.O. en lo más alto de Miribilla. Cómo son las amatxus. En realidad escribo por no gritar, y en el piso no hay muebles porque era seguir con el armario de la abuela Vicenta o pasarme al burro de H&M. Así que ropa apilada, televisor sobre palés, cama tipo japonés y… y vas que jodes. Minimal y Funcional.

Bueno que me lío. A lo mío.

Tras haber hecho cumbre y plantar ikurriña en la jodida montaña de enero me dispongo con ansia a afrontar la segunda oportunidad del año, FEBRERA.

Sí. Finalmente no he ido al gimnasio más que el día de la huella. Me tendrías que haber visto arrastrando mis orgullosos ciento dieciséis kilos por la sala de cardio haciéndome la superentendida en máquinas y asintiendo a cada chorrada explicativa de una tal Virginia, la comercial; una anoréxica mal teñida, sudada pero con coleta, que me iba paseando por la instalación como si fuera un dromedario de recreo en Lanzarote. Me dice: “para las taquillas te hace falta candado”, obviamente lo sabía, pero hija, lo vi claro: “Ostias Virginia; que fallo, pues voy en un salto y pillo uno ahora”. En fin, que ya me han visto.

Mikel, eI chulazo del euskaltegi, nos dijo en diciembre que ya no volvía más. Y yo no voy a ser menos, guapa. Así que idiomas a tomar por culo, que de lenguas voy sobrada. Me iba a apuntar a txistu, en serio, por hacer algo de aquí, pero me puse el tamboril de los cojones sobre el bombo de mi única abdominal y me dije: nena: txistu a estas alturas del agujero… pues como que tampoco.
Total, que el único propósito cumplido hasta la fecha, el de ahorrar en bolsas de basura. Tengo ya treinta. Rojísimas, monísimas, de rebajísimas. Éstas serán para latas y briks. Y luego tengo veintiséis con campanas de Belén. Éstas para cartón y hueveras. ¿No te lo he dicho?, soy adicto a los huevos, de gallina se entiende. Yo me hago tortillas hasta de huevo cocido. A las lentejas, por ejemplo, les hecho lo amarillo, le da como espesura. En serio, bueno; que me lías.

Este año es bisiesta. Todo el mes, doble siesta. Ayer mismo cerré los ojos con Acacias 38, y los abrí en Sálvame ya naranja. ¡Soy sonámbulo de mando a distancia tía!
Más mes. Febrera, en términos de buzoneo, es el mes en el que todas las facturas llegan antes. Es el intervalo del invierno para joderte de frío pero disfrazada de carnaval. Y es, como no, el mes para empacharte a bombones de corazón antes de poner los cuernos. Voy por partes.

Si me había agobiado con el parque de perros policía en la tele, ahora me preparo para ser la más perra del parque, al paso de cualquier policía. Llega… ¡San Valentín! De Berriotxoa.

A mí este año no me pillan, vamos; que yo no me pillo. Pero por nadie. Éste, sí que no. Y ya con éste, voy dieciséis seguidos. ¡Qué sola estoy!, ¡qué sola!

Chica, ¡y qué a gusto! Hace años que me cargué la balanza de los pros y contras por falta de resistencia del platillo de pros, amiga. Mira, atiende que te cuento.

Que la soledad elegida es la mejor compañía, de eso no hay duda, pero que el ahorro anual en terapeutas, viajes para olvidar, saunas para ocultar, entradas de cine con pack de cena y polvo (ojos cerrados) y tuppers muy salados de madre que ya quisiera parecerse a la mía son el motor de mi decisión, de eso sí que estoy tan segura como Santiago en Torrente, bonita. Me provoca acidez infinita el zumo que sale de la otra media naranja. Dispongo de monopolio exclusivo del sofá, nevera, pan de molde de centeno y camisas. Y elijo el lugar exacto de mis flatulencias disfrutando solo con la estela que dejo. Y al que le joda, que no huela.

Este año como venga alguna otra lista treintañera de after, a proponerme algo más que las tres pes -peli, polvo, pizza- le añado yo la cuarta; portazo en toda la cara. ¡A mí con corazones!
Bueno va, cierro este artículo mensual con la última fecha que casi es la primera del mes. San Blas bendito, cúrame la garganta y el apetito. Adoro este refrán, si lo piensas, es de lo más gay. Ya puestos podrían haber dicho: San Blas, aparta de mí esta polla.

Acumulo seis cordones con sus diferentes desgastes, de años anteriores. Empieza anudado a mi garganta. Luego, por asfixia, en una noche, lo paso a mi muñeca. Y cada año, terminan, disimuladamente, trasladados a un tobillo, durante alguna ducha de esas que me doy en el poli de Deusto, por aquello de ahorrar en baños. Pero, para que os cuente cómo desaparecen de mis piernas, queridas lectoras todas; tendréis que seguir atentas en los meses venideros. Que hasta mayo suelo conservarlos. En tanto, seguid, un febrero cargado de irrintzis y berrinches.

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