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Cómo ligarse a un gay vasco

Queridas amigas que venís a Bilbao, algunas para quedaros, otras estáis de paso, y queréis rozar la cebolleta con un autóctono, lo que viene a ser jugar al teto, vamos meterla en caliente, joder follar, que lo practicamos tan poco que no puedo ni verbalizarlo, tened paciencia amigas, porque eso va a ser una carrera de fondo, un proyecto a largo plazo, una quimera, un quiero y no puedo… Ay por favor, paradme que escribo un bolero.

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En Euskadi es tan difícil follar a la primera, que cuando lo consigáis es muy probable que os convaliden el camino de Santiago, la peregrinación a la Meca y un grado en ingeniería industrial, amigas. Y es que por estos lares se folla de Pascuas a Sergio Ramos y es más probable que muramos por intoxicación alimentaria que por estrés postcoital, aunque vosotras, que si sois más putas nacéis en tacones, no podéis descartar echar un casquete con algún oriundo, así que aquí os dejo unos pequeños consejos, amigas. No me lo agradezcáis, hacedme una transferencia.

1. Paciencia
Ya os aviso que es más fácil salir de las drogas que follarse a un vasco, así que gestionad vuestra energía y armaros de paciencia, porque esto es un proyecto a largo plazo. Aquí no existe el “aquí te pillo, aquí te mato”, aquí se estila más el “aquí te pillo, aquí comemos, venga unas birras, venga ya si eso te llamo, por qué tienes la mano en mi culo, nos vemos pasado, comemos algo, bebemos más… y ya si eso follamos”.

2. Proactividad
La mariquita vasca nunca va a dar el primer paso, así que bajad de vuestro pedestal y tomad las riendas, porque es más probable que Paquirrín gane un Grammy, a que el chulazo de turno deje su birra en la barra y se os acerque.

3. Autoestima
Amigas foráneas, aquí la cobra podría considerarse un baile regional, así que es importante que no os afecte el rechazo. Si una mariquita se hace la interesante no es porque sea una guay, sólo es vasca y vive en la inopia sexual. Lo de “a la tercera va la vencida” aquí es una entelequia. Aquí a la tercera pedimos la cuarta… copa.

4. Perseverancia
Intentar ligarse a una mariquita bilbaina a la primera es peligroso, es muy probable que la pobre termine con un esguince cervical de haceros la cobra, así que perseverad, sí, pero con cautela, que os lo queréis follar, no que termine desnucada en el suelo.

5. Atención a los detalles
Si a una mariquita vasca le gustas no te vas a enterar si no prestas atención a los detalles, pequeñas nimiedades. Si te mira mucho es muy probable que sea porque le suenas de algo o es miope, como mucho vas a recibir una palmada en el hombro y un “aupa” más seco que la mojama. Si a una mariquita vasca realmente le gustas no te mirará, fijará su mirada en su copa y basculará alrededor de la misma mientras dibuja círculos a tu alrededor, y cuando digo alrededor quiero decir a diez metros a la redonda.

6. La cuadrilla
Las vascas somos mariquitas gregarias, vamos en manada y la opinión de todos es más importante que la propia. No es que no tengamos personalidad, es que somos vagos para tener un criterio. Pasamos de las madres a las amigas. Así que si te quieres follar a un vasco tendrás que ganarte primero a todas las amigas, lo que ya te aviso que va a conllevar un gasto en comida y alcohol que pocos bolsillos van a poder soportar, si no mirad lo que le ha pasado a la infanta con Urdangarin, tías.

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7. Llévatelo a casa
La mariquita vasca es un ser que ha evolucionado en un entorno geografico caprichoso y bajo una climatología lluviosa. Desde tiempos inmemoriales ha comprendido que follar en cualquier esquina puede provocar que cojas una neumonía, y nosotras somos más de ir a por la cirrosis. Así que si queréis follar tendréis que tener a mano un lugar cálido, seco y confortable donde a la mariquita vasca no le importe desprenderse del chubasquero… más difícil va a ser que consigáis que se desprenda de los calcetines.

8. Traza un plan
Con un vasco no vale la improvisación, esto es una puta guerra, así que no os va a quedar otro remedio que planificar. En la cruenta lid que es follar con un vasco es importante conocer a tu enemigo, evaluar sus puntos débiles y atacar en el momento justo.
A las mariquitas vascas se nos gana por el estómago, se nos embauca por la bebida y se nos folla cuando menos te lo esperas. Somos como un gremlin sin horarios, dadnos bien de comer y beber y cuando menos te lo esperes seremos tuyas. Aquí no hace falta burundanga, con un txitxarro al horno y dos botellas de txakoli ya estamos a cuatro patas amigas.

9. Cuando todo falla
Amigas, si no sois unas mariquitas perseverantes, proactivas, con una gran paciencia y una mayor autoestima es más probable que aprendáis euskera en un día a que folléis con una mariquita vasca. En ese caso existe un atajo que es universal que lo mismo funciona aquí, que en Wisconsin, tías. Id a la sauna el domingo por la mañana, allí os encontraréis con todas las mariquitas vascas que no han follado y con todas las extranjeras a las que las primeras les han hecho la cobra. El microclima del lugar y el nivel de intoxicación etílica de la mayoría provocará lo que vuestra falta de perseverancia, paciencia y proactividad no ha conseguido… vamos que folláis fijo.

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