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Bizkaia by… Nagore Gore

Por ANDONI CALVO// Por mucho que el registro nos diga que nació el 25 de Mayo de 1971 en el Hospital de Basurto, sabemos perfectamente que nuestra protagonista Nagore Gore no es de este mundo. Sospechamos que algún ser de la transilvania transexual, o quizás Alaitz eta Maider, deseando que Gore hiciera su versión de ‘Txanpon baten truke’, la depositaron en una gigantesca ostra llena de purpurina, como una venus que ha perdido el pudor. Y que mejor lugar para hacerlo que Bilbao.
No me creereís, pero es una mujer discreta.  En Luz  Gas, en la calle Pelota del Casco Viejo, Nagore nos ha dedicado más de media hora de su ajetrada vida. Nos cuenta que a partir de ahora tienen una agenda de locas. Las Fellini pasarán el Orgullo en Castellón pero no dejarán de interntar hacernos reir en el Badulake de la calle Hernani cada jueves. Bizkaia no sería lo mismo sin ella y el enamoramiento en este caso, sin ninguna duda, es mutuo.

nagore gore

Estuvo acomplejada

A los tres años se mudó desde Romo (Las Arenas) a la zona de Basarrate de Santutxu, el barrio donde siempre ha vivido. Sus abuelos vendieron la casa a sus padres y en aquel pisazo con una terraza digna de señora de Indautxu la transformista crecía como artista. Una casa con una gran terraza que compartía con sus tres hermanos heavys. “¿Tres chicos?”, le preguntamos. “Sí, y yo la única chica” , nos contesta.

En su infancia tan solo se probó una peluca, hecha con el fabuloso pelo natural de su madre y posteriormente destrozada por el uso de la travesti más grande de Bilbao. Aún así nos reconoce que, “Me gustaba todo lo del mundo del espectáculo pero no me imaginaba que podría llegar a ser transformista”.

Ella se encargó de resucitar la ‘Campa del Muerto’. También los ruinosos descampados llenos de cristales y ratas poco después convertidos en la actual Basarrate. Fué allí donde vivió los momentos más duros de su vida. Le marcó mucho la muerte de su abuela: “La muerte de la abuela Antonia, ver mi casa llena de gente y el dolor de haber perdido a la abuela que quería tanto fue muy duro para mí”. No solo eso, la protagonista de la web-serie ‘Rosaura’ tuvo que hacer frente al rechazo de la parte de su familia más conservadora: “No me sentía acosada, no he sentido que me hicieran bulling. Mis amigos me querían mucho, era como la mascotita del cole, pero sí me sentía acomplejada y por ello pasaba mucho tiempo en mi casa encerrada en mi habitación y encontraba mis momentos de soledad y desahogo en el parque de Txurdinaga”.

El primer contacto que tuvo con la natación fue en Romo, donde veraneaba. Recuerda un descampado vacío frente a la casa de sus abuelos (cerca de la estación de tren) y pasaba las tardes fantaseando con tener un tren inspirado en el de la finca de Michael Jackson. Ella, siendo lo terremoto que es y no pudiendo ser de otra manera, era la locomotora. “Siempre he tenido mucha imaginación” nos añade Nagore.

Nos confiesa que en su juventud uno de  los mayores placeres era ir a recoger karramarros y chirlas de este fabuloso lugar de Bizkaia y ver cómo, cuando su abuela Carmen los cocía, el color de su caparazón tornaba al color rojo, y le entraba antojo.

calle pelota

Descubrí que no era la única

La liberación interior de Nagore Gore llego a los 18 años. Tras una pubertad bastante dura en cuanto a la aceptación de su sexualidad en Basarrate, la más grande de las Fellini empezó a salir de casa, y no paró. Las calles del Casco Viejo le hicieron descubrir aquel Bilbao plural, abierto y cospomopolita que aún sigue definiendo a la ciudad. En calles como Pelota pasaba muchas horas y descubría que no era la única. Allí también comenzó a familiarizarse con el mundo del teatro, el espectáculo y el transformismo: “Mi gran ejemplo fueron Martes y Trece, hacían un transformismo que me fascinaba y en cuando comencé a salir pude vivir ese mundo en primera persona”.

En pleno triángulo de locales LGTB , concretamente en el Bizitza, nuestra protagonista encuentra siempre una sonrisa detrás de la barra, nos dice que “allí pasábamos las horas muertas, también el ensanche, en la calle Elcano en el restaurante Koala”.

Gracias Badulake

Pueden decir misa, pero si el Badulake no existiera en Bilbao habría que inventarlo”. Hija de mi vida, ¡Esto sí que es pasión! “Nos ha dado mucho en más de diez años, le debemos todo y se lo seguiremos debiendo siempre”. Nagore no duda en invitar a todo el mundo a visitar este pequeño cabaret, no sólo los jueves en sus actuaciones, sino también los viernes y sábados. “Siempre ha promovido la igualdad, ha sido y sigue siendo algo imprescindible en la noche bilbaína, nos ha ayudado mucho a todos y a todas”. El local nos propone música de los 80-90 y también apuesta por los nuevos talentos como La Prohibida. Si le preguntamos por otros sitios, ella piensa en cafeterías: “En el Badulake hemos crecido las Fellini”, recalca Nagore. Por último añade que “han sido más de diez años, siempre han apostado por las Fellini y eso no lo puede decir cualquiera”.

badulake

Con Bizkaia mojo braga

Aparte del archiconocido San Juan de Gaztelugatxe el cual visita de vez en cuando, otro de los lugares imprescindibles para nuestra diva no es otro que la Arboleda y su subida en funicular que consigue fascinarla. “Pero el monte Artxanda da más de sí que mis vestidos, amigas” dice Nagore. En rincones de este monte que arropa la capital ruedan varias escenas de su web-serie ‘Rosaura’. Son escenario de algunos de los videoclips de las Fellini y en general dispone de cientos de rutas y parajes salvajes apartados por los cuales perderse tanto solo como acompañado.

• Para comer: “El restaurante Aizgorri en Itruribide 70, unos platos de alubias y cocido hasta arriba por 8 euros para comer como se  debe comer en Bilbao”.

• De poteo: “El Gatz, el Irrintzi y sobre todo el nuevo espacio del Mercado de la Ribera. El Marzana, con bocadillos impresionates, de los que cruje en pan”.

• Buenas copas: “El Badulake, a muerte! En este rincón hemos tenido mucha libertad desde siempre y nos hemos sentido muy motivadas y muy a gusto para seguir luchando por el espectáculo. Lo consideramos nuestro hogar, que es donde hemos crecido Las Fellini”.

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