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Apps de ligoteo

¿Deshumanizan o solucionan?

grinder

¿Últimamente no te da la sensación de que la gente es como más sosa cuando queda para ir de marcha o incluso para tomar unos potes? ¿No te pasa que estás ahí contando tus problemas y tus amigos parece que ni te oyen y se pasan el rato mirando el móvil de reojo? ¿Y que luego en la discoteca ya nadie se acerca a nadie a charlar espontáneamente?

Todo esto no son imaginaciones tuyas, son hechos comprobados casi científicamente. Y no se trata de un caso de ciencia ficción: es el efecto de las apps de ‘folleteo’ que han invadido los móviles de (casi) todos los homosexuales de nuestra generación.

El sistema es fácil y cómodo: te descargas la aplicación gratis, te abres un perfil y pones las cuatro fotos en las que más favorecido has salido en toda tu vida, no importa si son de la primera comunión. Las retocas, les pasas un par de filtros hasta quemar todo rastro de humanidad y las cuelgas junto con un par de datos insustanciales sobre ti mismo. Y ala, a esperar a que te lleguen mensajes de otros homosexuales que estén geolocalizados más o menos cerca de ti.

Así pasa lo que pasa, que ya nadie se arriesga a entrar a nadie en la vida real, porque a ver quién quiere exponerse a recibir unas calabazas en toda la cara cuando puedes simplemente ser ignorado por gente desconocida en las redes. Mucho más cómodo, ¿no?

Pero claro, si quieres ligar y triunfar, hay que seguir unas normas no escritas que ríete tú de la biblia. A saber: no seas afeminado, no mandes fotos de tus atributos si no te lo piden antes, no estés gordo ni seas demasiado amable por el chat porque entonces te tachan de ‘loser’. No muestres mucho interés por nadie y sobre todo, no se te ocurra intentar resultar empático ni preguntar demasiado no vaya ser que haya maridos/esposas por ahí ocultos. Procura no ser muy ‘persona’, ya que dentro del app no eres más que un set de fotos y un recuadro de chat sin sentimientos y por lo tanto así serás tratado por la gran mayoría.

Ojo, no decimos que así deba de ser, pero sí que se comporta así la gran mayoría, lamentablemente. Intentemos no deshumanizar a las personas que muestran interés en conocernos. Hay que recordar que detrás de cada foto de polla que te mandan, hay unos ojitos buscando aceptación. Bueno, o encima, que si no resultaría un poco deforme la cosa.

Luego está la cara B de todo esto, que es que si ya llevas un tiempito usando un Grindr, un Bender, un Scruff o un lo que sea, probablemente ya tienes fichados a todos los gays de tu área y parte de las colindantes como mínimo. Por lo tanto, cuando quedes con tus amigos para salir de fiesta, si es que todavía te soportan después de la enganchada que tienes con el móvil, todas las caras te resultarán conocidas. Y aquí hay que hacer un gran ejercicio de memoria para acordarte de si el chulo que te está mirando es de una app o de la otra, si era activo o pasivo, si fuiste borde o no con él, e incluso si te lo has tirado ya o no. Un cirio.

Otra cosa es si vives en un pueblo de tres habitantes y deseas saber dónde está el hombretón dispuesto a compartir un buen rato contigo más cercano: aquí sí, estas aplicaciones son muy útiles. También vienen bien a personas que son muy tímidas y no son capaces de dar el primer paso para conocer a alguien en un cara a cara. Así que tampoco se trata de demonizarlas.

Pero amigos, que no sea la única opción, por favor. Cada vez hay más gente capaz de permanecer en una mesa tomando algo con un grupo de amigos y no levantar la vista de sus perfiles en ni un solo instante. Además, ¿dónde quedó eso de invitar a una copa, ese estudias o trabajas, o incluso preguntar por el signo del zodiaco? Recordemos que una sonrisita, una miradita o un ‘hola’ te pueden dar más información de una persona que mil datos en un perfil, o que cincuenta fotos con el filtro Toaster de Instagram que borra todos los rasgos. Usarlas sí, pero con moderación, please.

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